jueves, 7 de junio de 2018

CAMBIO DE ALINEACIÓN



1
Nunca habíamos conocidos un gobierno con cuentagotas. Siempre ha habido, por parte de los medios, un entretenido juego de adivinanzas para intentar rastrear pistas que pudieran ayudar a identificar un nombre u otro y casi siempre se producían aciertos y algunos resbalones, pero nada estaba seguro hasta el último día, cuando se hacía pública la lista oficial. En este caso no. Apenas si José (o Josep) Borrell había sido elegido para ocupar la cartera de Exteriores (un acierto, dicho sea de paso, porque entre otras muchas cosas este país nuestro necesita a marchas forzadas mejorar la alicaída imagen que se ha ido formando en Europa en los últimos meses) cuando ya se lo estaba contando, él mismo, a todo el mundo. Luego empezaron a salir a la palestra otros nombres pero no con el acompañamiento habitual de rumores, sino dándolos por hechos ciertos. Y todos se han confirmado.

2

De esa manera, volvemos a donde estábamos antes, a no tener ministro, porque en Cuenca, eso de tener alguien en el gabinete donde se cuecen las grandes cosas del país, ha sido cosa extraña, nada frecuente. En los tiempos de Franco la provincia solo pudo contar con el ínclito Francisco Ruiz-Jarabo y en los tiempos de la democracia el único ministro fue Virgilio Zapatero, aterrizado por aquí como cunero, condición que también le incumbe al recién cesado Rafael Catalá, que no solo se ha vinculado a la provincia por motivos políticos y representativos, sino que también ha encontrado por aquí otras razones para el dolce far niente y eso, imagino, hará que siga viniendo con la frecuencia que el caso requiere. Claro que ya no podrá llevar a cabo los grandes proyectos que tenía para nosotros, según gustaban de decir sus fieles acólitos.

3

Confieso que me he quedado descolocado. Estábamos con lo del goteo que decía antes, esperando la hora del chupinazo final y en esas va y aparece la mención al reaparecido ministerio de Cultura al que, justamente, yo iba a dedicar esta tercera nota, lamentando que siguiera sin cobrar forma. Pues me tengo que tragar el preparativo lloriqueante porque volvemos a tener ministerio de Cultura (con el añadido del Deporte, que no falte) y se lo adjudican a un creador multimedia, que lo mismo le da a las ondas y al pincel que a la literatura. Imposible adivinar si Maxim Huerta va a hacerlo bien o menos bien, pero lo que sí es muy alentador es que España vuelva a tener ese maltratado departamento. Vaya con el señor Sánchez, don Pedro, y que equipo más apañado ha sido capaz de organizar así, de prisa y corriendo.



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