La muerte de Juan Evangelio nos
deja un poco huérfanos a todos los que encontramos en el libro cualquiera de
esos sentimientos que aún afloran en el alma humana: el gusto, la afición, la
pasión, formas de afecto que suelen hallar en el libro el amigo constante, la
compañía fiel sin exigencias ni premuras. Para quienes, además, escribimos y
aspiramos a encontrar lectores-compradores, la intervención eficaz de un
intermediario tan voluntarioso como Juan Evangelio fue determinante. Un librero
al viejo estilo, que no necesitaba el recurso permanente al ordenador para
saber dónde está ese volumen o aquel ni quien era el autor o en qué punto de
los aparentemente desordenados anaqueles podría encontrarse el objeto del deseo
o qué recomendar (era un auténtico especialista en plumas estilográficas) en la
búsqueda del regalo apropiado. Durante años alimentó en su entorno una auténtica
tertulia ciudadana y libresca, que se prolongaba mucho más allá de la hora de
cierre del local porque, y eso era evidente, él era el primer comerciante de
Carretería en abrir las puertas y el último en cerrarlas. Su peculiar bonhomía,
de amplia generosidad y abierta risa contagiosa, venía a ser como un bálsamo en
el que se podía encontrar reposo más allá del trajín de la que fue calle
bulliciosa, ahora un tanto descafeinada pero igualmente amistosa. Hace unas
semanas dediqué un artículo a la librería señalando el notable matiz de que es
el comercio más antiguo de Cuenca, camino de cumplir los cien años y apuntando
como cosa notable que ese privilegio corresponda precisamente a una librería,
tipo de establecimiento que está desapareciendo a marchas forzadas de muchas
ciudades españolas. Hubiera sido un gesto amable del destino que Juan Evangelio
pudiera haber llegado a ver ese centenario. Ha muerto ahora y el mundo del
libro, en Cuenca, tiene motivos sobrados para estar de luto.
José Luis Muñoz. Una visión permanente sobre las circunstancias de la vida cultural en Cuenca, comentada con espíritu comprensivo y un punto crítico. Literatura, arte, patrimonio, cuestiones cotidianas, a través de la mirada de un veterano periodista.
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miércoles, 30 de mayo de 2018
martes, 27 de marzo de 2012
EL MUNDO AL REVÉS
Esta foto que hay aquí al lado es de una librería. No es una más, perdida en cualquier rincón del país o del mundo. No, está aquí, en Cuenca y lleva apenas un par de meses abierta. Sí, abierta, de nueva planta. De todas partes nos llegan noticias alarmantes sobre la disminución de librerías, el cierre de muchas que eran tradicionales. Aquí también hemos vivido no hace mucho esa experiencia, con la desaparición de Almudí, en pleno Carretería. Pues cuando en todas partes se registra un claro retroceso de esos lugares entrañables, tan queridos, tan mimados por quienes no nos conformamos con ver catálogos a través de internet, va Rubén y abre una librería en Cuenca. Un local bastante amplio, aunque no exagerado; asequible a la mirada, con los libros bien puestos, al alcance de la mano. Con una sección infantil tan acogedora que a uno le dan ganas de retroceder en el tiempo para poder sentarse en esas maravillosas sillas y mesas. El Cocodrilo se llama este local por tantos motivos envidiable y atractivo. Dice Rubén que las cosas le van bien, que la gente acude, mira, hojea e incluso compra. Merece sobrevivir en este asunto. Cuando desde el poder (todos los poderes) sólo se nos lanzan noticias pesimistas y amargas, que en Cuenca abra una librería es todo un clamor de optimismo. El mundo al revés, pero eso está muy bien.
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