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martes, 1 de mayo de 2018

LOS NAZIS LLEGAN A CUENCA



         Es un lugar común repetir que Cuenca es una ciudad (la provincia también) especialmente dotada para el rodaje de películas, a pesar de lo cual, la realidad viene a contradecir tan buenas opiniones, porque son escasísimos los ejemplos que se pueden citar, todos ellos bien conocidos.
            Estos días se ha estado rodando un nuevo cortometraje, El emisario, que dirige el profesor de la faculta de Bellas Artes Ignacio Oliva, uno de cuyos momentos más destacados ha sido la ambientación del Palacio Provincial como residencia oficial alemana, lo que ha obligado a desplegar la abundante iconografía habitual en el régimen nazi, banderas incluidas.
            El argumento relata un encuentro en Berlín entre el cuñado de Franco, Ramón Serrano Súñer, ministro de Asuntos Exteriores en el primer gobierno del régimen y el dirigente alemán Heinrich Himmler. Unas treinta personas, alumnos de la facultad de Bellas Artes de Cuenca, junto con cámaras y actores profesionales, entre ellos el conocido Pedro Casablanc, habitual en series de TV, están participando en el rodaje de este filme.
            Ignacio Oliva (Murcia, 1963) fue decano de la facultad de Bellas Artes de Cuenca entre 1991 y 1996 y tiene ya una larga trayectoria como investigador del proceso creativo a través de las imágenes, habiendo publicado docenas de artículos en revistas especializadas y varios libros sobre la materia. En el año 2011 y tras haber realizado algunos cortometrajes, rodó su primera película, La rosa de nadie, que fue estrenada comercialmente en Cuenca el 11 de mayo de ese año y que, a decir verdad, obtuvo muy escaso eco entre los aficionados y la crítica.
            Confiemos (confío) en que este nuevo intento de Ignacio Oliva por hacerse un hueco en el ámbito del cine tenga mejor suerte y El emisario consiga éxito y premio.


domingo, 18 de diciembre de 2016

UNA CENA MUY APETITOSA


            No se -nadie lo sabe nunca- qué recorrido puede esperar a la recién nacida criatura cinematográfica que Juanra Fernández ha puesto en las pantallas y que ya hemos podido ver un par de veces en Cuenca, la última durante la Semana de Cine. Merece que la suerte le acompañe porque se trata de un producto original, atractivo, bien elaborado, excelentemente realizado, con garra e interés y con una habilidad que a mí, personalmente, me ha sorprendido por la forma eficaz en que ha resuelto una dificultad considerable: la de mover a varios grupos, en total un reparto muy numeroso, formado por actores aficionados, sin ninguna preparación cinematográfica especial. Es cierto que algunos de ellos, miembros de la Escuela de Teatro, habían entrado ya en contacto con el mundo de la interpretación, pero el resultado es tan satisfactorio como sorprendente. Como también lo es la capacidad de Juanra Fernández para mover esos grupos con la coherencia necesaria.
            A todos ellos me los encontré hace tiempo, rodando por las calles próximas a la Plaza Mayor, cuando la película aún se llamaba La última cena, título provisional sustituido por el definitivo La cena, a secas, que recrea una ficticia estancia de Napoleón en nuestra ciudad, donde estaba previsto que cenara, ocasión magnífica que algunos audaces pensaban aprovechar para terminar con la vida del presuntuoso emperador de los franceses.
            No diré lo que pasa, por si acaso algún lector de estas líneas aún no conoce la película o su argumento. Es mejor que lo descubra. Pasará un buen rato, admirará la habilidad interpretativa de Pedro Pablo Morante y su disposición como tenor y disfrutará con los rincones urbanos de Cuenca y la solemnidad de las dependencias de la Diputación provincial.
            No es fácil el mundo del cortometraje en el cine español. Lo que quiere decir que no va a ser fácil la vida de La cena, pero si algo puede compensar el posible desapego de los canales de distribución es la seguridad de que el director, Juanra Fernández, ha hecho un buen trabajo, concretado en una muy digna pequeña película.



lunes, 28 de noviembre de 2016

CINCO INTENSOS DÍAS DE CINE


            Cinco días de cine continuado, con múltiples ofertas variadas, a razón de tres por día, lo que hace un total de 15 películas, han formado el programa de la Semana de Cine de Cuenca, recuperada doce años después de que se hiciera la última edición, para celebrar ahora la 19ª. Naturalmente, no está bien que yo ponga aquí elogios y adjetivos, porque soy parte muy directamente interesada, aunque como la empresa de pensarla, organizarla y llevarla adelante ha sido el resultado de un empeño colectivo podría perfectamente envolverme en ese grupo para disimular mi participación. Pero no hay que hacer trampas de ningún tipo: yo estaba ahí, con los demás, para sacar adelante la Semana de Cine de Cuenca.
            El repertorio de problemas ha sido variado, como lo suele ser siempre en estas tareas, sobre todo si el sitio en que se quieren desarrollar es tan complicado como este lugar llamado Cuenca, donde a los obstáculos habituales en todas partes suelen unirse los propios de la idiosincracia propia del sitio. Y no hablo solo de las dificultades económicas, en las que siempre se piensa a la primera y que, naturalmente, existen, sino a otras que pasan por aspectos tan variados como los comportamientos de algunos medios informativos o el alejamiento del sector universitario, que parece no existir para la vida cultural de la ciudad. O ésta no existe para aquel, que viene a ser lo mismo aunque se plantee a la inversa. Y otras cuestiones que no son para comentar en esta tribuna.
            Plantear la Semana de Cine fue un tema que desde el Cine Club Chaplin nos planteamos como una especie de enorme pregunta, un a ver qué pasa, sin tener ninguna seguridad de cual podría ser la respuesta. En estos doce años el mundo ha cambiado, Cuenca también y, desde luego, el cine de ahora ya no es el que era en ese tiempo pasado. Se podían imaginar algunos movimientos, determinadas reacciones, pero como en los experimentos químicos, al fin hay que hacer la prueba experimental de cuyo resultado dependen las respuestas que buscábamos cuando iniciamos el proceso. A pesar de las dudas que pudieran existir, hemos podido comprobar que sigue existiendo un interés suficiente por ver cine en salas y que hay una moderada atracción hacia el cine español, que era nuestro objetivo. Todo podría haber sido mejor y más intenso, pero eso forma parte del estudio final que ahora debemos realizar para analizar lo sucedido.
            En la memoria de quienes hemos asistido, a todo o a gran parte de lo programado, quedan momentos felices, algunos emocionantes, inenarrables, gracias a varias películas excelentes, bellísimas, verdaderamente importantes, tanto en largometrajes de ficción como en documentales y cortometrajes. Y nos quedará para siempre el contacto directo con las personas que hacen esas películas, directores, actores, actrices, guionistas. Aquí no tenemos alfombra roja por donde desfilar el glamour de las estrellas, pero sí hemos tenido un ambiente cordial, amable, con intensas vivencias en torno al cine. Y eso, la verdad, ha estado muy bien.


miércoles, 15 de junio de 2016

UNA REVISTA DE CINE EN CUENCA

           

           En estos tiempos en que el papel retrocede a marchas forzadas para dejar el hueco a los digitales, incluidos los periódicos nacionales, campeones en el suicidio propio entregando la lectura a las pantallas en detrimento de la letra impresa, a los del Cine Club Chaplin se nos ocurre poner en la calle una revista que, además, es la primera dedicada en Cuenca a cuestiones cinematográficas. Tiempos modernos se llama, como es natural, en homenaje a la figura cinematográfica que la da nombre, el gran Charles Chaplin. La dirección de la revista recae en Pablo Pérez Rubio, un reconocido experto en análisis fílmico, autor de varios libros sobre la materia, mientras que Pepe Alfaro se encarga de la coordinación técnica y Arturo García Blanco ha sido el responsable del diseño.
            Para poner fin a esta temporada, la número 45 de su ya larga vida, el Cine Club ha encontrado la oportunidad de concretar un antiguo proyecto, el de realizar una publicación dedicada al Séptimo Arte, con una marcada orientación hacia cuestiones relacionadas con la provincia de Cuenca, aunque con artículos de interés general, y que a la vez sirva de vehículo de comunicación interna entre los más de 600 socios con que cuenta esta entidad, uno de los más veteranos cineclubs de España y, desde luego, el más antiguo de Castilla-La Mancha.
            Este primer número de Tiempos modernos se abre con un artículo del presidente del Cine Club, el escritor y periodista José Luis Muñoz, que como único superviviente del grupo fundador se encarga de hacer un esbozo histórico de los orígenes, aludiendo también a diversos intentos anteriores de promover en Cuenca un movimiento social de interés por el cine, al margen del comercial, en especial a través de las Semanas de Orientación Cinematográfica.
            En el interior hay artículos sobre Las Casas Colgadas en la pantalla, de Pepe Alfaro; Doble escala de Saura en Cuenca, de Pablo Pérez Rubio, para analizar las dos aportaciones del director con escenario conquense, el documental Cuenca y el largometraje Peppermint frappé; el entreno mundial de la película El príncipe encadenado, rodada en la Ciudad Encantada, por José Vicente Ávila; Soy un cinéfago, por Gonzalo Pelayo; el director Juanra Fernández explica las vicisitudes de la elaboración de un guión y ofrece un soty-board de su película Para Elisa; entrevista con el actor Felipe Vélez, nacido en Carrascosa de la Sierra; un texto cinematográfico recuperado de Federico Muelas, España renuncia a su West: Eduardo Torres-Dulce, un conocido experto en el análisis cinematográfico dedica su experiencia a la figura de Alfred Hitchcock; al cumplirse sesenta años de su estreno, Pepe Alfaro escribe sobre Los hermanos inútiles de Calle Mayor y Pablo Pérez Rubio lo hace sobre Releer Tiempos modernos ochenta años después; de Carlos Losilla se inserta el texto Nexos y tendencias: una cierta actitud del cine de ahora; Juan José Pérez y Vicente Abán han elaborado un dossier sobre Movimientos cinematográficos europeos; José Ángel García comenta Un poemario de película: Lo que mirarán tus ojos y lo complementa con poemas cinematográficos de Miguel Mula, Rafael Escobar y Ángel Luis Luján. Por último, hay un apartado final para comentar varias cuestiones que relacionan el cine y Cuenca, como es el caso de Patio de butacas, de Radio Kolor, las proyecciones de Cinema Aguirre o el Cineforum del propio Cine Club Chaplin.


viernes, 6 de febrero de 2015

VOCES DE LA VERDAD Y VERDADERAS


Una sala catalana (naturalmente, ¿dónde si no?) situada en San Cugat, provincia de Barcelona ha puesto en marcha su primer multicine íntegramente en versión original subtitulada. Hasta ahora, esta empresa, Cinesa por más señas, ya proyectaba películas de ese tipo en sus salas de Las Rozas (Madrid) y Valladolid, pero alternándolas con películas dobladas, de modo que cada cual podía elegir lo que mejor convenía a sus gustos o perezas.
Porque quienes defienden a capa y espada las películas dobladas no son más que perezosos amparados por pretextos fútiles, como que leer los subtítulos les distrae de seguir atentamente la acción visual que se desarrolla en la pantalla. Son los mismos que no tienen empacho en ver la televisión y seguir con la vista los incontables subtítulos que nos van poniendo, a veces ¡hasta tres líneas superpuestas! dando noticias o comentarios que no tienen nada que ver con lo que sucede en la pantalla. O, en cualquier película musical al uso, donde se canta en inglés y se nos ofrecen los subtítulos en castellano para que el personal se entera. Cosa, por cierto, que también se hace en las representaciones de ópera.
Conclusión: cuando queremos y nos viene bien, sí que leemos a la vez que vemos, sin problemas.
Doy por supuesto que en Cuenca ningún cine comercial, ni lo hizo antes ni tiene la menor intención de hacerlo ahora, pondrá nunca una película subtitulada, con el pretexto de que el público no quiere, pero la verdad es exactamente la contraria: si lo hicieran descubrirían que sí se quiere, y cuantos más jóvenes, mejor.
Podría aquí contar la experiencia del Cine Club Chaplin, donde llevamos 45 años poniendo subtituladas todas las películas extranjeras, sean americanas o chinas y todo el mundo está tan contento. Más aún, una vez que la distribuidora se equivocó y nos mando un título doblado al castellano, se me acercaron varios espectadores a quejarse por haber roto la norma, aunque fuera excepcionalmente. Conclusión y remate: no se puede decir que hemos visto a Woody Allen, Humphrey Bogart, Julia Roberts o Scarlet Johansson si no oímos su voz. Por cierto, la de Scarlet, narrando en off lo que sucedía en Her, de Spike Jonze, era una auténtica delicia de sensualidad y sugerencias del más alto rango.