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jueves, 4 de mayo de 2017

UNA CALLE MAYOR MUY SINGULAR



            Hace apenas unos meses, en noviembre del año pasado, se celebró la 19ª Semana de Cine de Cuenca, recuperada tras varios años de ausencia por el Cine Club Chaplin y que, entre sus diversos ingredientes, todos ellos de contenido cinematográfico, como parece obvio decir, se incluyó un ciclo conmemorativo dedicado a la figura del director Juan Antonio Bardem y a la que, con toda probabilidad, fue su obra más significativa, Calle Mayor, rodada parcialmente en Cuenca en la que, según parece ser coincidencia generalizada, es la película que mejor y con mayor justeza ha sabido recoger imágenes de nuestra ciudad como soporte visual para un argumento narrativo. Calle Mayor es una historia que recoge con asombrosa fidelidad la vida y las miserias humanas (también la dignidad de su personaje femenino protagonista) en una pequeña ciudad provinciana en los duros años del franquismo y para ambientar ese relato, tomado de una obra de Carlos Arniches (La señorita de Trévelez), Bardem encontró en las calles, los rincones, los puentes y el paisaje de Cuenca el escenario adecuado.
            Aquella conmemoración, 60 años desde el estreno de la película, tuvo en el ámbito de la Semana de Cine tres soportes: un pequeño seminario, una gran exposición y, lógicamente, la proyección de la película en una versión restaurada y remasterizada, que permite ahora recuperar con plena nitidez aquellas magníficas imágenes en blanco y negro y a la que se acompañó, con características de estreno absoluto, el primer visionado de una entrevista realizada a Bardem en la Posada de San José, en la que habla de él mismo, su obra y su compromiso político y, naturalmente, del rodaje de la película en Cuenca.
            Ahora llega a las manos de los aficionados un excelente ejemplar impreso que recoge el desarrollo de aquella actividad. Cuenca, Bardem y su Calle Mayor, es un volumen editado por el Cine Club Chaplin y coordinado por Pepe Alfaro y Pablo Pérez Rubio, autores a la vez de la introducción al texto (que se abre con un comentario a cargo del presidente del Cine Club, José Luis Muñoz), con el que sitúan, con perspectiva histórica, la aparición de la película, su impacto social y fílmico y las motivaciones que han hecho recuperar aquel momento cinematográfico especialmente intenso, en el que Bardem eligió a Cuenca, aunque en la película nunca se menciona este nombre, como síntesis representativa de la España de un momento singularmente preciso, “con su rancio catolicismo, su estratificación social, su represión colectiva, su patriarcado y su asfixia general”.
            Tras este comentario inicial, el libro recoge el texto íntegro de las dos conferencias pronunciadas durante el seminario, “Calle Mayor, de Juan A. Bardem, y la imagen de Cuenca”, de Juan A. Ríos Carratalá, un texto verdaderamente esclarecedor, a cargo de un auténtico especialista en la obra de Bardem y “De conflictos, oposiciones y contrastes”, de Antonio Santamarina, hasta poco tiempo antes director de la Filmoteca Español y experto en el análisis de la realidad cinematográfica de la España que nos ocupa. Estos artículos se completan con un tercero, a cargo de uno de los coordinadores de la actividad, Pablo Pérez Rubio, quien desmenuza en forma crítica “Drama provinciano, melodrama del deseo”.
            Por su parte, Pepe Alfaro ofrece datos y detalles del rodaje de la película y aporta una curiosa noticia sobre el proyecto de Bardem de realizar una segunda parte, para la que incluso llegó a esbozar un guión, propósito que hubiera sido la oportunidad de volver a utilizar los escenarios de Cuenca. Finalmente, el contenido literario de este libro se completa con un breve artículo de Antonio Lázaro, autor de la entrevista con Bardem que hemos comentado anteriormente.
            La segunda parte del libro tiene contenido fundamentalmente gráfico, ya que incluye la totalidad de las fotografías, realizadas por Felipe López, que estuvieron montadas durante la exposición celebrada en el Centro Cultural Aguirre durante el periodo de celebración de la Semana de Cine de Cuenca. Se trata, realmente, de una colección de excepcional belleza plástica en la que dos elementos, película y ciudad, se combinan de forma extraordinaria para ofrecer una simbiosis tan expresiva como conmovedora de un momento ciertamente singular, vivido hace ahora 60 años, y recuperado con plena y sorprendente vigencia.



miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA MEMORIA GRÁFICA: ASÍ ÉRAMOS


            Desde hace unos días y hasta el final de la semana próxima, pasados los avatares del puente kilométrico que nos espera, puede verse en el Centro Cultural Aguirre una de esas exposiciones singulares que la fortuna nos depara de vez en cuando. Porque bien está, naturalmente, conocer las muestras artísticas con las que los creadores de imágenes pictóricas comparecen de forma periódica para dar a conocer el fruto de sus últimos trabajos, por dónde van los avatares de ese camino tan complejo y no siempre satisfactorio, de fácil acogida popular. Pero también importan estas otras, como la que hoy traigo a esta columna de comentarista, que nos pone ante los ojos un fragmento de nuestra propia vida colectiva.
            Se ha comentado hasta la saciedad, estas últimas semanas, que se cumplen 60 años del estreno de Calle Mayor, la gran película que filmó y firmó Juan Antonio Bardem (o, como a él le gustaba escribir, J.A. Bardem) reconstruyendo, recreando, una vieja ciudad castellana, de la España interior, mediante un habilidoso montaje de escenas de Cuenca, Palencia y Logroño. Importantísima es la aportación visual de las calles y el paisaje de Cuenca en esa elaboración artificial de una ciudad innominada estructurada en torno a una idealizada Calle Mayor, eje existencial y comercial de la vida humana en esa ciudad.
            Lo que sucedió en Cuenca, hace sesenta años, aparece ahora recogido en esta exposición, verdaderamente notable y llamativa en su sencillez. Tenemos a la vista una colección de fotografías en blanco y negro, referidas todas al rodaje de la película, con algunas de ellas extraídas del propio film. Ahí está el casco antiguo, la plaza y fuente de Santo Domingo, la hoz del Huécar, la estación del ferrocarril (la antigua estación, bárbara e innecesariamente suprimida), la plaza del obispo Valero, pero está, sobre todo, el espíritu de la ciudad, el carácter de la ciudad, las gentes que entonces poblaban este caserío pequeño, entrañable, duro, austero, egoísta, cerrado sobre sí mismo. Vemos esas fotografías y nos encontramos ante el espejo que nos devuelve la imagen de lo que fuimos en esa hondonada de la historia más reciente que algunos quisieran olvidar o ignorar y que otros contemplan con mirada divertida, incrédulos, pensando que aquello no existió. Pues sí, fue y ahí está. Toda una lección, magnífica, emotiva, entrañable, quizá dolorosa. La imagen de Cuenca renace para que todos podamos volver a vivir aquel tiempo del que ya apenas si quedan supervivientes pero que gracias a la magia de la fotografía se recupera como si fuera ahora mismo.
            Quedan pocos días para vivir esta maravillosa experiencia. Merece la pena.