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domingo, 8 de noviembre de 2015

UN LIBRO DE ANTONIO ENRIQUEZ GÓMEZ


Se debe tener cuidado con las palabras. Con el buen y el mal uso de las palabras, para evitar confusiones, malentendidos. Dice el Diccionario de la Academia: “Inédito: Escrito y no publicado. Dicho de un escritor: que aún no ha publicado nada. Desconocido, nuevo”. Informa la Universidad de Castilla-La Mancha de la publicación de un “inédito”, de Antonio Enríquez Gómez, el gran autor maldito de las letras conquenses, el heterodoxo por excelencia, el perseguido hasta la muerte. Uno siente el sobresalto de la alegría: un inédito, algo nuevo y desconocido, qué maravilla. Y lee el título que se anuncia como tal: Academias morales de las musas. Y el sobresalto inicial de alegría se transforma en un gesto de escepticismo. Ese es un título bien conocido, repetidamente editado. La aclaración llega más adelante, entre líneas: dicen que es inédito desde 1734, en que se publicó por última vez. Hombres, en esa situación hay miles de libros, de todos los autores, incluso de los más consagrados, que tras una vigencia de cierto tiempo desaparecen de las imprentas y las librerías, pero eso no quiere decir que sean inéditos. Simplemente, el mercado editorial ha perdido interés en su publicación.
Tras este exordio, vayamos al grano. Hay una nueva edición de las Academias morales de las musas, editada por primera vez en Burdeos en 1642 y reeditada en varias ocasiones más hasta el siglo XVIII, texto ciertamente clásico y valioso que ahora se recupera por el Instituto de Teatro Clásico de Almagro, en edición crítica preparada por Milagros Rodríguez Cáceres y Felipe Pedraza Jiménez. Son más de diez mil versos desarrollados en un estilo lírico-narrativo con contenido dramático en los que se transmite en buena medida el riquísimo universo atesorado por el gran dramaturgo conquense del siglo de oro, protagonista de una vida agitada, borrascosa, realmente aventurera y no siempre por sus propios deseos, sino por los condicionamientos de una sociedad nada tolerante. De manera que la iniciativa de la Universidad al editar esta obra, en dos gruesos volúmenes, cargados de erudición, es una excelente noticia. Aunque no sea un inédito, ni mucho menos.

(En la imagen, retrato de Antonio Enríquez que figuraba en la edición de 1642)

sábado, 4 de julio de 2015

RAÚL DEL POZO Y GLAUKA


            Raúl del Pozo es el último nombre inscrito en la lista de premiados con el Glauka, ese singular reconocimiento que conceden las lectoras de la Biblioteca Pública “Fermín Caballero”, de Cuenca. Nacido bajo el amparo e impulso intelectual de José Luis Sampedro, el premio mantiene anualmente su estimable vitalidad, en busca siempre de ese personajes escritor al que otorgar un galardón que no se distingue por su espectacular dotación económica ni por el oropel de la fama internacional sino que se mantiene en el amable ámbito de lo doméstico, lo amistoso y, en fin, lo que más interesa siempre a un escritor, el reconocimiento, el afecto del público. Eso lo tiene Raúl del Pozo desde hace mucho tiempo y se manifiesta en cada ocasión propicia para el encuentro, como este último, que sirve (habrá servido, pienso yo) para reconfortarle de otros sinsabores amargos, como el estúpido desprecio con que la Junta de Cofradías rechazó su nombre para ser pregonero de la Semana Santa, siguiendo así las indicaciones de un cura preconciliar, de los que aún hacen la señal de la cruz cada vez que se cruzan (o creen cruzarse) con un infiel comunista. Esto, seguramente, no pasó de la categoría de anécdota, pero conviene decirlo de vez en cuando (o al menos, recordarlo) para tener siempre presente cómo son las cosas por este arriscado rincón serrano, último baluarte en la defensa de occidente. Pero sigamos con lo nuestro, que es lo verdaderamente importante. Desde su origen, va ya para 80 años, en la ribera del Júcar, caserío de La Torre, término municipal de Mariana, Raúl del Pozo ha desarrollado con toda evidencia un esfuerzo personal de considerable importancia. Tras hacer estudios de Magisterio en Cuenca se lanzó audazmente a la búsqueda de un hueco en el territorio de las letras, empezando por el que tenía más próximo, el venerable y por tantos motivos respetable Ofensiva, cuyas páginas acogieron tantos esfuerzos juveniles. Sobre aquella etapa, ha escrito hermosas palabras: "En Ofensiva es donde me hice adicto a la tinta de imprenta y donde conocí a los linotipistas y a los cajistas, fogoneros de las ideas”. Desde aquellos inicios, Raúl del Pozo mostró una evidente agudeza en la captación de temas, una juvenil osadía en el tratamiento y una pureza estilística en el manejo del idioma, virtudes todas que acentuaría con el paso del tiempo. Hoy es uno de los más prestigiosos columnistas españoles con su recinto de papel diario en la última página de El Mundo, donde vierte luminosas palabras en las que aúna la clara percepción de la actualidad cotidiana con el conocimiento profundo de la literatura española a través de un sobrio manejo del idioma, al que acaricia con cariño y del que extrae el profundo aroma que encierran las redomas de los más sutiles perfumes. Saludo pues, desde aquí, al último premio Glauka, profeta en su tierra más allá de los manejos de gentecillas de poco pelo.