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sábado, 10 de octubre de 2015

DE APELLIDO, ARRIMADAS


El reciente esperpéntico espectáculo (que aún sigue) de las elecciones catalanas ha servido, entre otras cosas, para traer al primer plano de la actualidad y la fama a una joven situada en la cabecera de la lista de Ciudadanos, ese partido que parece ser la gran esperanza blanca de la derecha española. Inés Arrimadas, se llama. Al comienzo, asomó su linda cabecita con un gesto tímido, un ademán titubeante, palabras indecisas, discurso claro pero temeroso, como si no quisiera molestar. Vaya con la joven. Del comienzo al final de campaña ha habido tal evolución que hasta los más veteranos han quedado pasmados. Desde luego, a ella hay que atribuir un gran porcentaje del éxito obtenido por su partido.
La política no es una novedad en la vida de Inés Arrimadas. Su padre, Rufino Arrimadas, había estudiado derecho, como ella, y ejerció de policía en Barcelona. Más tarde, por esas cosas de la vida, llegaría a ser concejal por UCD en Jerez tras las primeras elecciones municipales democráticas de la historia, en 1979. El primo de este, Moisés Arrimadas Esteban, fue delegado provincial del Ministerio de la Vivienda en Cádiz allá por los años sesenta y ascendido posteriormente a gobernador civil de las provincias de Cuenca y de Albacete y Jefe del Movimiento (no del movimiento ciudadano, se entiende). Durante su mandato provincial conquense murió Franco y le tocó encabezar los duelos por el dictador. La democracia incipiente lo trasladó a la vecina Albacete y luego volvió a la administración. Sería interesantísimo saber cómo eran las charlas sobre política de la joven Arrimadas con sus familiares, así como las conversaciones que mantiene con su actual pareja, el diputado de CiU, Xavier Cima. Pero en este país, ya se sabe, hay ciertas cosas que siempre se despachan como propias de la esfera personal.
A lo que iba (y voy) es a recordar aquí, en este rincón que quiere ser un observatorio de las cosas que pasan en Cuenca, el apellido de Arrimadas, vigente durante un par de años y luego olvidado, que reaparece ahora en una ubicación geográfica muy diferente.

En la foto de Pinós vemos a Moisés Arrimadas el día en que tomó posesión de su cargo, flanqueado por Rodrigo Lozano, Andrés Moya y Manuel Ruiz-Jarabo.

martes, 3 de mayo de 2011

PROMETE, QUE ALGO QUEDA

Por si alguien no lo sabe, diré que estamos en vísperas de que empiece una campaña electoral con doble objetivo, autonómico y local. Esto que va escrito es, naturalmente, una boutade, pero de algún modo hay que romper el hielo. Pues eso, estamos en campaña ya y desde hace muchos meses, sin necesidad de que se escenifique la ridícula escena de la pegada de carteles. En ese ambiente, los candidatos acuden ahora a pedir la opinión de los ciudadanos, recoger sus quejas, ideas, sugerencias y sueños, elaborar programas y toda la parafernalia que lleva consigo el juego democrático de las elecciones. En ese panorama no podía faltar, naturalmente, que se llame a consulta a colectivos culturales (en sí mismos inexistentes) para elaborar nutridos repertorios de propuestas, condenadas todas ellas, sin excepción, a perderse en el limbo tan pronto como quien sea gane las elecciones y cumple su primera obligación que es olvidar lo que prometió. Pero así son las cosas: vivimos en un teatro, el del mundo, como dijo Calderón, que es también el de la ciudad, el pueblo, la provincia, la región. No conozco a ningún político actual, de los que tenemos al alcance de la mano, que crea realmente en el papel de la cultura como motor de desarrollo y progreso, incluso en lo material, como elemento de potencialidad económica, pero por supuesto más aún en el ámbito del enriquecimiento personal, humano, de cada uno de nosotros. En fin, lamento retórico y un tanto desengañado, desde luego, pero sincero.