José Luis Muñoz. Una visión permanente sobre las circunstancias de la vida cultural en Cuenca, comentada con espíritu comprensivo y un punto crítico. Literatura, arte, patrimonio, cuestiones cotidianas, a través de la mirada de un veterano periodista.
domingo, 29 de abril de 2012
VUELTA A LA OSCURIDAD
Sería interesante además de curioso saber cuántos conquenses han visto durante estos meses la exposición "Da Vinci, el genio" que ha estado en la sala del Canal Isabel II, al lado mismo de la madrileña plaza de Castilla. En los controles de acceso no se contabiliza ese dato y es una pena. Quienes han hecho esa visita se pueden considerar unos privilegiados: han visto con toda su luz y color los dos cuadros de Fernando Yáñez de la Almedina (discípulo de Leonardo) colgados allí con toda su brillantez, tras haber sido adecuadamente restaurados y limpiados por Luis Priego. Terminado el evento (que dicen los latinos) los cuadros volverán en unos días a su espacio natural, la capilla de Caballeros de la catedral de Cuenca y allí serán encerrados entre las sombras oscuras que son aditamento constante de ese, por otro lado, bello lugar. Encantador, simbólico, cargo de arte y escaso de luz. Y así, entre esas sombras, los colores brillante, el delicado trazo, el detallismo casi fotográfico con que Yáñez pintó La Piedad o La Adoración de los Reyes Magos se sumergirán entre las tinieblas que todo lo difuminan. Una pena. Y una alegría para quienes hemos tenido la suerte, la oportunidad y el acierto de verlos al natural, tal cuales son. Pues cualquiera sabe cuándo se produce otra como esta que ahora termina.
sábado, 28 de abril de 2012
LAS COSAS (POÉTICAS) DE ANTONIO GÓMEZ
Si hay alguien que se muestre especialmente activo en la
utilización de la red ese es Antonio Gómez. Quienes estamos en su lista de
contactos recibimos un día sí y otro también un mensaje en el que da cuenta de
su multiforme e incansable actividad como abanderado (no se si también profeta)
de las nuevas formas de comunicación poétca (Poesía visual se le llamaba en los
orígenes). Ahora recibimos noticias de ds nuevas
entregas, C y D, que se suman a la extremeñísima colección dirigida por Elías
Moro y Marino González para De la Luna
Libros. Un libro de
Antonio Gómez, emeritense de Cuenca, y otro de Antonio María Flórez, colombiano
de Don Benito. Todas las islas lejos y Bajo
tus pies la ciudad, respectivamente. Es un tópico comentar que Antonio Gómez es, ante todo, un poeta visual o experimental o como
quiera que se llame a esa forma suya de abordar la poesía, aunque eso no
significa que haya abandonado por completo las formas clásicas, porque él
valora por igual una y otra; lo que se ve y lo que se lee, que no deja de ser
lo mismo. Es la suya, la de Antonio Gómez (copio de un comentario que acabo de
leer), una poesía frágil, delgada, sencilla, próxima a lo aforístico y lo
reflexivo, cercana, impresionista, cálida que no por eso deja indiferente al
lector, sino más bien al contrario. Y que tiene, a lo que parece, un enorme
atractivo para los jóvenes aspirantes a conocer el mundo poético. Lo que
suscita otra reflexión: también ahí está el intenso poeta que Antonio Gómez es.
Más íntimo, como si pudiéramos verlo sin esa mirada penetrante y esa larga y
poblada barba que le distinguen. Y menos callado de lo que suele. A lo mejor,
dentro de poco, lo tenemos por aquí, por Cuenca, para que nos vuelva a
introducir, con la pasión que él pone en ello, en los territorios de la poesía
silenciosa, la que se ve, la que entra por todos los sentidos.
viernes, 27 de abril de 2012
NUNCA ESTORBA UNA FLOR
Los seres humanos tienen (tenemos) tendencia a copiar mucho de lo malo que nos rodea y como hay infinitos ejemplos en la mente de todos, no perderé tiempo (ni espacio aquí) para poner ejemplos. Prefiero ir directamente al grano, a señalar la bondad de las buenas copias. Lo hemos oido muchas veces, infinitas veces, todos los años: cómo los catalanes celebran el 23 de abril regalando a la vez un libro y una flor. Por estos lares de la severa austeridad castellana nos hemos resistido a admitir la bondad de semejante íntima y bellísima relación entre los pétalos florales y las hojas librescas, pero esa resistencia ya se ha vencido y en el muy reciente Día del Libro, feliz recuperado en la calle, aunque el señor del tiempo se empeñó en deslucirlo algo, convivieron también los puestos de flores y de libros. Que se sepa, ambos elementos no se estorban, en modo alguno, de manera que bien estuvieron ahí, conviviendo en la calle de San Esteban donde, ojalá, vuelvan también el año que viene, y el otro, y el otro...
jueves, 26 de abril de 2012
VOCABULARIO DE LA MODERNIDAD
Frustración, desencanto, desilusión, pesimismo,
desconfianza, escepticismo, inquietud, inestabilidad, desafección… El
vocabulario es amplísimo y, aunque desde un punto estricto de definición
lexicográfica puedan tener significados distintos, en la práctica vienen a ser
sinónimos, porque todos confluyen en la misma dirección: los europeos no están
a gusto con la Europa que mercaderes ambiciosos y políticos ineficaces nos han
diseñado. Creíamos, en los años de la ilusión y las utopías, en la Europa de
las culturas coincidentes, la creatividad, el gran territorio sin barreras,
fronteras ni aduanas por el que podíamos circular libremente. Pero entonces no
contábamos con Merkel, Sarkozy, Berlusconi, Cameron y lo que nos ha tocado en
desgracia por aquí cerca. La Europa de las libertades se hunde agobiada por el
despilfarro bancario pero, sobre todo, por la impotencia de unos dirigentes
apocados, cobardes e ineficaces. Como he podido leer en las páginas económicas
de un diario “las condiciones de vida empeoran año tras año, sus países asumen
decisiones irracionales y no emergen compensaciones a los sacrificios exigidos
a la población en muchas décadas”. Pobre Europa, ahogada por estos mercaderes
sin conciencia y estos políticos de medio pelo. Mientras, al otro lado del
Atlántico, los yanquis avanzan a toda prisa porque están aplicando exactamente
las medidas opuestas a las que impulsadas por esta banda de cegatos que nos
gobierna. Con lo que les gusta mirar a los Estados Unidos, ¿por qué no hacen lo
mismo? Y mientras, la cultura de capa caída. Las bibliotecas públicas no tienen
este año ni un duro para comprar libros o hacer suscripciones. A eso le llaman
avanzar y progresar.
SALVEMOS UN CASTILLO
Algo no funciona correctamente en este país nuestro y menos
aún funciona en la provincia de nuestros sueños y amarguras, o sea Cuenca.
Porque si las cosas funcionaran (y utilizado por tercera vez este vocablo como
podía haber recurrido a cualquier otro de similar significado), se habría
producido alguna reacción, individual, colectiva o institucional, al reportaje
aparecido el 12 de marzo en El Día de Cuenca, sobre el lugar, castillo
incluido, de Santiago de la Torre, aldea hoy despoblada en el término de San
Clemente. Unos meses antes estuve en el lugar, que pude encontrar después de
dar algunos bandazos por aquellos parajes, en los que ni una triste señal
indica el camino adecuado para llegar y como tampoco hay en muchos kilómetros a
la redonda ningún agricultor trabajando, la desorientación es total. Aparte la
anécdota, diré que finalmente pudimos llegar, mi mujer y yo, compañeros ambos
en la aventura de buscar lo que pueda haber por los perdidos rincones de
nuestra provincia. Así llegamos a Santiago de la Torre, desolado lugar
prácticamente en ruinas, antigua aldea con población estable, con su iglesia
(desmantelada en el año 2002) y, sobre todo, con un precioso castillo medieval,
uno de los más antiguos de Cuenca, construido a partir del siglo XII, con una
espléndida torre del homenaje. Vi, anoté y fotografié, con destino a alguno de
los comentarios que he venido publicando en El Día de Cuenca en forma de Fotocromos comentados y también para
el próximo volumen dedicado a esa comarca, dentro de la serie de libros de
viajes que estoy editando. Con la imagen de aquella desolación, un auténtico
abandono del patrimonio arquitectónico y cultural, volvimos a la capital
provincial. Ahora, como digo, un encomiable grupo vecinal de El Provencio sale
a la palestra y denuncia la situación de Santiago de la Torre, a partir del
hundimiento de un lienzo de muralla y del progresivo deterioro del conjunto.
Pero lo terrible, lo verdaderamente lamentable –y a eso se refiere el inicio de
este comentario- es que tras esa denuncia solo se produce el silencio. Nadie,
ni privado ni, lo que es peor, público, ha hecho lo que se debe hacer en estos
casos: salir a la palestra un par de días más tarde para explicar a la
ciudadanía qué medidas se van a adoptar; si, en cumplimiento de la ley, se va a
exigir a los propietarios del lugar que lo conservan en debidas condiciones o,
si, a falta de tal cosa, los poderes públicos están dispuestos a intervenir
para conseguir mantener en pie, al menos como está ahora mismo, el castillo
medieval de Santiago de la Torre. Sólo el silencio, la indiferencia, la apatía,
contestan a estas cuestiones.
UNA OBRA BIEN HECHA
Tiene fama la ciudad de Tarancón de ser muy activa, industriosa, mercantilista, un poco materialista, por decirlo de otro modo, pero dejando aparte los tópicos que nos acompañan a todos también es cierto que desde hace unos años se viene haciendo un hecho en el ámbito de lo cultural, con iniciativas muy variadas, que van desde organizar museos hasta fomentar la creatividad literaria y musical. En ese panorama de inicaitivas, hace veinticinco años surgió una que el ayuntamiento taranconero viene manteniendo con estimulante voluntad, pese a crisis y dificultades. Me refiero a un concurso anual de pintura que, a la chita callando, ha ido formando una valiosa colección, variada y dispar, como ocurre cuando se organiza este tipo de colecciones, sujetas a las modas de cada momento, la calidad de quienes participan y, por qué no decirlo, también del gusto de los encargados de hacer la selección. Pero ahí se encuentran nombres muy valiosos del arte contemporáneo conquense, como Nicolás M. Sahuquillo, Miguel Ángel Moset, José María Albareda, Francisco Valladolid y otros muchos. El concurso lleva ahora el nombre de José Antonio Sequí, un gran dinamizador de la vida cultural de Tarancón y promotor de este concurso de pintura que ahora cumple 25 años y que durante estos días hace acto de presencia en el salón de la Diputación Provincial (que no es el mejor sitio para ofrecer una exposición de arte) donde podemos contemplar, a lo vivo y en directo, la importancia de esta iniciativa que el recordado Sequí puso en marcha hace cinco lustros. Y que el ayuntamiento taranconero mantiene, contra todos los vientos y mareas de la crisis que tantas buenas voluntades se está llevando por delante.
lunes, 23 de abril de 2012
UN LIBRO, VARIOS LIBROS, LIBROS AL FIN
En este día del Libro, dia de escritores, de lectores, de editores, de vendedores, de coleccionistas y también de simples observadores, los que a veces se paran ante los escaparates o quizá recuerdan sus tiempos juveniles, cuando un profesor bienintencionado pero de planteamiento erróneo le obligaba a leer el Cantar de Mío Cid o La Celestina, conviene pensar un poco en eso, en los libros. Un pensamiento frío, racional, estadístico. El 61,4% de los españoles se declara lector de libros. Eso
en España. Si miramos un sector del territorio nacional llamado Castilla-La
Mancha, el dato es otro: 51,5% que, como cualquier lector de estas líneas podrá
observar, está muy lejos, nada menos que diez puntos, de aquella primera cifra
inicial. Si tenemos en cuenta que Madrid ofrece un 70,2% la diferencia es ya
abismal. Otro capítulo es el que se refiere a la compra de libros. En el año
2011 cada español compró una media de 9,6 libros, uno menos que en el año
anterior, pero otra vez hay que matizar, porque en Castilla-La Mancha estamos
donde estamos, o sea, a la cola, en el último puesto del ranking, con solo 7,2
libros por persona. De Cuenca no hablamos, porque la estadística, ofrecida por
el Gremio de Libreros, habla solo de comunidades autónomas. Mejor, porque así
nos ahorramos otro disgusto más cercano. ¿Y por qué no leemos más? El pretexto
es el de siempre, el más socorrido, el más a mano: por falta de tiempo. Argumento al que se podría responder con otros no menos tópico: menos fútbol y más lectura, menos TV y más libros, menos zascandilear por los bares y más por las bibliotecas. No se si es una batalla perdida (aunque nunca estuvo ganada) pero quizá hoy, en que los libreros conquenses han decidido volver a salir a la calle con sus tenderetes, después de muchos años sin querer hacerlo, podamos sentir un poco de optimismo al ver a la gente paseando, hojeando, mirando libros.
sábado, 21 de abril de 2012
Manifiesto a favor del loro
Un grupo de
personas, sin duda bien intencionadas, ha preparado una especie de manifiesto
que puede ser firmado por quien quiera: creadores, gestores o participantes de
cualquier forma en el mundo de la cultura conquense, expresando "nuestra
disposición a colaborar para que las actividades culturales no sufran el parón
que ya están acusando”. Para ello, quienes viven, mejor o peor, de la cultura,
se ofrecen a participar de forma altruista (o sea, gratis, como hasta ahora) con
el benéfico propósito de que “ni Cuenca ni su provincia dejen de ser un ejemplo de
vida cultural, de creación artística y literaria”. O sea, que el problema que venimos detectando desde hace varios meses (todo el mundo sabe desde cuándo e incluso por qué) en forma de parón, por no decir retroceso, se arregla con que renunciemos al sobresueldo que no tenemos y a los beneficios que no percibimos. Pues, como en el viejo (y tópico) dicho, lo que en esta tierra recibimos los activistas de la cultura es el chocolate del loro y con eso, lo sabemos de sobra, no se arregla el problema. Quizá si estuviéramos en Estados Unidos, en el Reino Unido e incluso en otros países de la muy querida Europa, eso serviría de algo, porque allí la actividad cultural si cuenta con un importantísimo soporte privado, pero en España, en Castilla-La Mancha y, por concretar del todo, en Cuenca, el motor de este negocio se llama instituciones públicas. Y si ellas fallan, no hay nada que hacer. Incluso disminuyendo el magro sueldo que ya cobran los trabajadores públicos en general, y estos en particular más, puesto que en Cultura hay un enorme número de personas en situación laboral precaria, siempre amenazados por la sombra del despido de cada día. La realidad es que hace falta dinero público, mucho dinero público, para que alguna vez el mito de "Capital Cultural de Castilla-La Mancha" pase de las buenas intenciones a la realidad. Dinero para ampliar el Museo de Arte Abstracto, dinero para dar forma al Centro de Arte Contemporáneo en los antiguos almacenes municipales, dinero para financiar las orquestas y coros locales, dinero para que reabrir el Espacio Torner, dinero para no cerrar la Fundación Saura, dinero para que pueda empezar la restauración de la Casa del Corregidor y la ubicación en ella del Archivo Municipal, dinero para que el páramo de Mangana vuelva a ser visitable, dinero para que avancen las excavaciones arqueológicas en la provincia, dinero para la Biblioteca Pública del Estado que este año no tiene ni un duro (perdón, euro) de presupuesto, dinero para impulsar las ediciones, dinero, dinero... Y cuando lo haya, podremos renunciar a nuestra onza de chocolate con la que, desde luego, no se va a ninguna parte.
Lamentos sin paño de lágrimas
En su
artículo semanal en El País, Javier
Marías lanza una andanada sin paliativos sobre lo que viene sucediendo en Soria
en los últimos años. Hay que decir, previamente, que el escritor reside
–residía- parcialmente en esa ciudad castellana, en la que pasaba largas
temporadas, incluso, como él mismo dice, escribiendo sus últimas cuatro
novelas. Javier Marías se ha cansado de Soria y la abandona. Los motivos los
explica en su artículo pero se pueden reducir a uno solo: la ciudad, que como
todas las pequeñas del interior, ganó fama y consideración por ser un lugar
apacible, sereno, alejado del mundanal ruido propio de las grandes urbes, un
espacio donde, como ahora se suele decir, es posible disfrutar de calidad de
vida, se ha transformado en todo lo contrario: “Si antes Soria era un lugar
singular, decoroso y digno y con enorme encanto, ahora -cómo decirlo-, con su
valencianización permanente se ha convertido en un sitio vulgar, como cualquier
otro”. El ruido es una constante, a todas horas y en todos sitios; las fiestas,
también ruidosísimas, se prolongan y suceden unas a otras, como si no hubiera
otra cosa que hacer; actividades presuntamente lúdicas ocupan las calles
convirtiéndolas en cotos cerrados para unos cuantos… Para qué seguir. Quien
tenga curiosidad puede buscar el artículo en la última página de El País Semanal del 15 de abril. El
comentario nos debe llevar -a mí, al menos- a considerar similares
circunstancias en un sitio que conocemos bien, llamado Cuenca (por cierto, la
alternativa que se le ofrecía a Antonio Machado a la hora de elegir destino
docente: se decantó por Soria y así el Duero le ganó al Júcar la partida
poética).
Por
sencilla casualidad, estos días, buscando otra cosa, he ido a parar a una
página del Diario de Cuenca del 11
de agosto de 1965 en la que se reproduce un artículo publicado el día anterior
por César González-Ruano en ABC y
que en el fondo, no en la forma literaria, por supuesto, viene a ser un calco
del que acaba de publicar Marías. Por entonces, como seguramente algunos
recordarán todavía, César tenía residencia habitual en Cuenca, aquí pasaba
largas temporadas y desde aquí, en una mesa fija en el café Colón, escribía,
siempre a mano, sus artículos para la prensa madrileña. Ese día, González-Ruano
echa pestes de lo que está pasando en la ciudad, singularmente de los ruidos,
el alboroto, la falta de sensibilidad, la indiferencia por la conservación del
entorno. Y apunta un detalle muy esclarecedor: “Yo creo que es problema de
sensibilidad colectiva. Incomprensiblemente para los menos, son muchos más los
que no sienten ninguna molestia por ruido que se haga. Creo que incluso están
contentísimos”. A nadie le importó el lamento. Dos meses después, el escritor
abandonó definitivamente Cuenca, acompañando su salida de otro artículo, un
lamento melancólico, tristísimo, una página maestra del articulismo
periodístico.
No fue el
único en actuar así. Se fue Lorenzo Goñi, lanzando un portazo estentóreo. Se
fueron Bonifacio Alfonso y Julián Grau Santos. Dejaron de venir Guerrero, Miralles,
Sempere, muchos de los artistas que hicieron de Cuenca una galería de artistas
en sus calles y bares. Otros, como Zóbel y Saura aguantaron hasta el final, porque
compartían su residencia conquense con otras ciudades europeas y quizá el
purgatorio les resultaba así más leve. Y nadie más ha vuelto a radicarse aquí,
recordando aquellas otras épocas. Pero, volviendo a las observaciones de Javier
Marías, lo interesante es apreciar el completo desinterés que la ciudadanía en
general muestra por la conservación de eso que se llama “calidad de vida”, que
se supone vinculada a estas ciudades pequeñas, recoletas, tranquilas,
apropiadas para la meditación, la escritura y el arte. Lejos de tal cosa,
parece que existe una voluntad mayoritaria (que, en verdad, nadie acierta, no
acertamos, a contrarrestar) por hacer exactamente lo contrario que se supone es
lo razonable. Y si no, que se lo pregunten a esa legión de mozalbetes bien
cargados de vino un domingo a las once de la mañana, subiendo en masa
vociferante calle de Alfonso VIII arriba camino de la expansión colectiva en la
Plaza Mayor. Eso, nos dirán mucho, es lo bueno y positivo. Y si alguien se va
de la ciudad, pues que se vaya con viento fresco.
miércoles, 11 de abril de 2012
Yañez y Cuenca en Madrid

El profesor de la facultad de Humanidades, Pedro Miguel Ibáñez, es uno de los dos comisarios de la exposición "Da Vinci, el genio", que se puede ver en la sala de exposiciones del Canal de Isabel II (Paseo de la Castellana, 214, cerca de la plaza de Castilla), en Madrid, hasta el próximo 2 de mayo. En concreto es responsable de la sección titulada “La huella de Leonardo”, en la que se recoge el influjo del maestro italiano en España, singularmente por medio de las figuras de Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando de Llanos. La exposición y precisamente en el apartado dedicado a los discípulos, seguidores y colaboradores de Da Vinci, ofrece a la contemplación del público dos obras firmadas por Yáñez y felizmente conservadas en la catedral de Cuenca, una Piedad y la Adoración de los Magos. Ambas se encuentran en la hermosa Capilla de Caballeros, uno de los rincones más excelsos del que solemos calificar como nuestro primer templo. De allí han salido en este periodo expositivo, para convivir durante unos meses con otras maravillosas piezas de todo tipo (no solo hay arte, también máquinas y dibujos técnicos, a los que tan aficionado fue el genio renacentista), de manera que quienes no hayan tenido la oportunidad de venir a Cuenca para conocer la obra de Yáñez en su salsa pueden hacerlo ahora (insisto: hasta el 2 de mayo) en el Centro de Arte del Canal y percibir así aunque de manera aproximada el valor del arte atesorado en la catedral conquense. Por cierto, el profesor Ibáñez pronunciará allí una conferencia sobre su especialidad uno de estos días y existe la intención de que la repita aquí mismo, en Cuenca. Eso estaría muy bien, así que quedemos a la espera de confirmar día y hora.
Etiquetas:
Arte clásico,
catedral,
Yáñez de la Almedina
martes, 10 de abril de 2012
menos mal que algo funciona
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