viernes, 13 de abril de 2018

UN PAÍS MILITARIZADO (08-01-2018)




            Ironías del destino: casi medio siglo buscando fórmulas para eliminar el Ejército, para suprimir el servicio militar obligatorio, para reducir el número de cuarteles, generales y coroneles, para dejar sin contenido ni objetivos a las Fuerzas Armadas, transformándolas en una ONG encargada de ayudar a docenas de países en apuros mientras en el interior del país los soldados se transforman en un cuerpo altamente especializado que lo mismo apaga un incendio forestal que interviene en inundaciones o, como ahora, se dedica a liberar a varios miles de personas atrapadas por la nieve en unas autopistas que el Estado ha puesto en manos de empresas privadas para que ganen dinero mientras suben los premios de los peajes y despiden a docenas de trabajadores, los que deberían haber estado trabajando para prevenir los problemas del desastre. Pero está por ahí la Unidad Militar de Emergencia, la UME, que se ha hecho ya  más famosa que Ronaldo o Messi, en funciones de Protección Civil cívica y ciudadana pero desaparecida, la misma UME que el Partido Popular denigró en su creación, allá por el año 2007, cuando la inventó el gobierno de Rodríguez Zapatero y ellos, los otros, dijeron que no hacía falta semejante dispendio. No soy militarista, no tengo ninguna afición por la estructura militar. Sólo digo que esto es una ironía. Queríamos librarnos del Ejército y resulta que, a la hora de la verdad, el Ejército es necesario y no se si imprescindible.

LAS SORPRESAS DE JULITA (07-01-2018)




Si alguien no lo ha leído, porque ha pasado de largo por esa página o porque no es habitual lector de El País, recomiendo sinceramente el artículo que firma Elvira Lindo en la página 25 del número de este último domingo, “Lo que Julita nos enseña”, dedicado a descifrar de una forma verdaderamente atractiva el carácter y la forma de ser de uno de los personajes más extraordinarios que nos ha dado el cine español en los últimos tiempos. No es una absoluta novedad este recurso, el que emplea el director Gustavo Salmerón, tomando como protagonista a su propia madre. Lo hizo Paco León con la suya y Daniel Monzón con su abuela, pero desde luego que ninguno de esos ejemplos (y otros parecidos, que los hay) se acerca ni de lejos al prodigioso ejercicio de dirección y de interpretación que se puede encontrar en Muchos hijos, un mono y un castillo, que pudo verse en la última Semana de Cine de Cuenca, donde no se supo muy bien qué valorar más (entre la sorpresa general), si la dinámica realización, el sorprendente mundo interior y familiar desvelado, la inconmensurable capacidad para la crítica y la sátira o, desde luego, la forma de actuar de esta inesperada actriz, que ha saltado espectacularmente desde el anonimato a la fama.
Julita Salmerón nació en Cuenca y en la actualidad vive en Madrid, con su familia, pero como no hace mucho le dijo su hijo Gustavo a Paco Auñón para la cadena Ser, “mi madre siempre vuelve cada año a Cuenca por Navidad para cruzar el puente de San Pablo y contemplar, desde el Parador, la hoz del Huécar y las Casas Colgadas. Para ella la ciudad antigua es como un belén”.
Cuenca está muy presente en la película, aunque no se la mencione de manera expresa cada dos por tres y ello nos permite apropiarnos de un film como éste, nominado al Goya como mejor documental, a falta de que los escenarios conquenses se conviertan alguna vez en materia de película, algo que siempre y en tantos sitios se dice pero raramente sucede.
Julita Salmerón es, como escribe Elvira Lindo, “una persona real, pero también un personajazo que se sale de la norma y por eso nos reconforta”. Uno más, sin duda, de los cientos de personajes anónimos perdidos entre pueblos y ciudades, a la espera de que aparezca un guionista o un director, sea hijo o vecino de al lado, capaz de encontrar en ellos el incontenible caudal de sabiduría y emociones que con toda probabilidad atesoran.


IMPRESCINDIBLE ADRIÁN NAVARRO (06-01-2018)


IMPRESCINDIBLE ADRIÁN NAVARRO (06-01-2018)



Adrián Navarro es ya, a estas alturas, uno de los nombres esenciales de la cultura conquense, sin necesidad de mayores ditirambos. La suya ha sido una carrera metódica, progresiva, manteniendo siempre una línea de continuidad, la del trabajo realizado de manera consciente, por una parte siguiendo la línea recta de sus intenciones y por otra desviándose parcialmente para buscar, por los senderos laterales, otras fuentes de inspiración, otros motivos estéticos que aplicar a sus propósitos. Todo eso está muy presente en esta exposición que cubre las paredes y el suelo del Centro Cultural Aguirre, a donde es conveniente acercarse antes de que llegue el momento final de la muestra, ya próximo.
Adrián Navarro (El Provencio, 1942) es sobre todo alfarero y ceramista, con una obra sólida, de evidente prestigio, que ha ido evolucionando desde sus orígenes tradicionales, vinculados a la estela que había marcado Pedro Mercedes, pero de la que se ha ido desviando progresivamente para afrontar su propio línea de expresión, y no solo en las formas de los objetos que diseña, sino también el su estructura y colorido. Se puede contemplar un apretado resumen en esta exposición, en la que no hay tantos objetos de cerámica como placas y cuadros que nos revelan a un artista de original trazado y severo atrevimiento para internarse en territorios poco trillados. Hay en él mucha imaginación, no poca osadía para dibujar elementos difuminados en una línea muy propia, inconfundible podría decirse, con alternancia muy eficaz de sugerencias cromáticas que vienen a aportar una notable variedad a una muestra no muy abundante en número de piezas expuestas, pero sí en sensaciones visuales.
No hay querido renunciar Adrián a su más definitorio y extenso trabajo, el de las formas alfareras, de las que hay también unos maravillosos ejemplos que, estratégicamente situados, vienen a enmarcar el conjunto de esta exposición que, desde la serenidad y el equilibrio, nos trasmite un mundo personal pleno de sabiduría, unas manos diestras en el manejo del pincel y el buril.


EL QUIOSCO CERRADO (05-01-2018)

EL QUIOSCO CERRADO (05-01-2018)



Nunca hubo en Cuenca abundancia de quioscos de prensa callejeros. Imagino que la complicada topografía urbana de esta ciudad, en la que abundan calles con aceras bastante estrechas, salvo algunas de las formadas en los últimos años en la zona de la carretera de Valencia, dificultaba la implantación de estos elementos que, en otros sitios, forman parte ineludible del paisaje cotidiano. Miremos las grandes avenidas de Madrid, o de Valencia, o como descubrí no hace mucho en Córdoba, donde me sorprendió la sucesión de quioscos, separados por no demasiados metros.
En Cuenca, ya digo, nunca los hubo, pero sí existieron, incluso uno en la Anteplaza. Aquí, por las ya citadas dificultades callejeras, o por costumbre, se mostró preferencia por los despachos de prensa en soportales interiores de los edificios y así son la mayoría de los que siguen existiendo. Ahora acaba de cerrar el penúltimo quiosco callejero, el situado en la esquina de las calles Aguirre y San Francisco; antes, hace unos años, lo hizo el que aún está, físicamente, pero cerrado, junto al parque de Santa Ana, frente a la Plaza de Toros. Con la última pérdida, me parece que ya solo queda en pie el que desde tiempo inmemorial se encuentra frente al que fue teatro-cine Xúcar.
Naturalmente, ya estamos acostumbrados a la liquidación de vetustos elementos urbanos sobre los que no cabe más que unas palabras de nostálgica despedida. Pero en este caso, además, interpreto que ese hecho va ligado también al progresivo descenso del mundo de los periódicos y revistas en papel, aunque cuando entro en uno de esos sacrosantos lugares, siempre coincido con bastante gente comprando cosas, eso sí, con abundancia de chucherías varias, pero no faltan los compradores de prensa.
En fin, cosas de los tiempos, que dirían los clásicos. Aquí dejo constancia visual del quiosco, ya cerrado, de la calle de San Francisco y dejo para otras mentes más profundas las oportunas meditaciones socio-filosóficas.


MANSIEGONA, CON UN TOQUE ROMÁNTICO


Con severa y encomiable puntualidad llega cada mes de diciembre a las manos de quienes gustan de este tipo de publicaciones una revista nacida en las altas cumbres de la Serranía de Cuenca y que responde al sonoro título de Mansiegona. Resulta casi conmovedor que en estos tiempos acongojados por la pasión de todo lo que circula a través de la red (incluidas estas notas personales) aún haya románticos apegados al papel en los que transmitir ideas, noticias, informes o comentarios. Y es que, verdaderamente, aunque la realidad es tozuda y todos sabemos por dónde van los tiros y el futuro, nada hay más satisfactorio y estimulante que el papel impreso.
Este es el número 12 de la revista, que nace bajo los auspicios de la Asociación Cultural del mismo título, con sede en Masegosa, bajo la coordinación de Jorge Garrosa Mayordomo como responsable de recoger y ordenar los trabajos. Una poesía de Luis Auñón Muelas abre el número que, tras este arranque literario, se introduce en los angostos senderos de la investigación, con propuestas de muy variado contenido, entre las que me ha llamado la atención un esbozo, breve, pero sustancioso, del proceso por el que Cuenca pasó de Intendencia a Provincia, entre los siglos XVIII y XIX; un artículo biográfico sobre el obispo Miguel Muñoz, natural de Poyatos; un curioso informe sobre los pantanos que nunca se hicieron, de los que hay varios ejemplos; otro sobre una de las aventuras del maquis por aquellos parajes serranos, en concreto un incidente en el que quemaron un autobús de La Camphichuelense; un amplio dossier sobre la guerra de la Independencia en la Serranía de Cuenca; y un curioso trabajo naturalista sobre las mariposas diurnas de aquellos parajes, junto con varios relatos que nos ayudan a recrear tiempos, costumbres y situaciones, incluyendo el famoso viaje de Amalia de Sajonia al Solán de Cabras.
Verdaderamente interesante esta publicación, una de las pocas que aún sobrevive en el mundo de la letra impresa, para regocijo de los amigos de tales aventuras culturales, entre los que anoto mi nombre.



martes, 26 de diciembre de 2017

VILLANCICOS MADE IN CUENCA


En estos días navideños que ya caminan hacia su total liquidación se ha presentado un bonito e interesante CD amparado por el título, igualmente apropiado para estas fechas, de Las doce ya están sonando, bajo el que hay un subtítulo explícito: “Villancicos”, por si hubiera alguna duda.
Suenan las doce, hora mágica en el portal de Belén y en cualquier otro sitio, pero son trece los compositores llamados a poner música a las letras que cantan el mensaje, generalmente amable, vinculado a esta celebración. Entre ellos destaca el veterano José López Calvo, junto a otros nombres también consolidados, como José Miguel Moreno Sabio o José Antonio Esteban, a los que acompañan otros valores más jóvenes, algunos ya con cierto prestigio a medida que van consolidando sus trabajos, como Manuel Millán de las Heras, Luis Carlos Ortíz, Mary Margeliza, Javier Pelayo, Juan Carlos Aguilar y algunos otros, hasta completar esa lista de 13 que cubren el tiempo de grabación.
Entre los letristas se encuentra el imprescindible Federico Muelas y el casi también necesario José Ángel García, pero en la mayoría de los casos coinciden ambos papeles, música y letra, en la misma persona, asunto que no se si es bueno, malo o indiferente. Lo común es encontrar competencias diferenciadas, pero tampoco pasa nada si han decidido hacerlo todo por sí mismo.
El resultado es un trabajo interesante, además de novedoso, y que viene a actualizar un repertorio tan trillado como el de las canciones navideñas. Quizá hubiera sido conveniente algo menos de solemnidad y complejidad en varias de ellas, más cerca de la composición sinfónica que de la popular, que es de lo que se trata, porque los villancicos sirven para animar belenes, cenas y tertulias amistosas y no todos los que integran este CD pueden cantarse fácilmente. Pero el trabajo es, desde luego, meritorio.


lunes, 25 de diciembre de 2017

LA CULTURA PARCELADA EN BANDOS


Contemplo en uno de los periódicos conquenses (da lo mismo especificar si es en  papel o digital) una fotografía relativa a un acto aparentemente cultural, pero marcado por la política, porque se trata de la imagen de los asistentes que se agrupan en torno a la máxima autoridad presente en la ceremonia, rodeado de otros cuantos personajes de postín, todos ellos relacionados por un dato común: pertenecen al mismo partido. Al acto podrían haber asistido, desde luego, otras autoridades provinciales y locales, sobre todo de personas vinculadas a la cultura, pero no, están solo los de un bando, con la llamativa ausencia de los del otro.
Esa imagen que hoy me llama la atención es similar a otra que se había publicado dos días antes, relativa también a otra inauguración de una especialidad muy parecida a la anterior; la diferencia entre una y otra es que en esta segunda están presentes justo los que no habían aparecido en aquella otra mientras que están ostentosamente ausentes los de la imagen que comento al comienzo.
Es decir, para entendernos, los absurdos partidos políticos que se reparten el poder y el gobierno de las instituciones existentes en Cuenca han decidido ignorarse unos a otros o, lo que es lo mismo, no acudir a ceremonias organizadas o protagonizadas por uno de ellos. De esa manera, inaugurar una exposición, por ejemplo, se convierte en un acto partidista, reservado exclusivamente a quienes tienen el protagonismo de ella.
Eso si, cuando, por casualidad o equivocación, coinciden en algún acto, todos los oradores repetirán la misma salmodia, haciéndose lenguas de la bondad de colaborar entre todos, de aunar fuerzas, de sentido solidarios en el bien común, olvidándose del espectáculo penoso que ofrecen con ese constante ninguneo que ofrecen visualmente y del que son testigos las fotografías publicadas en los medios informativos.
La cultura, los actos culturales, deberían estar al margen de estas cuestiones tan de poca monta.
Ese sería un buen deseo, mío y de más gente, para el año que comienza.

Me temo que nos quedaremos con las ganas.
(Para ilustrar el comentario, ahí tienen los asistentes a la reinauguración del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, hace unos días. Miren atentamente, vean quiénes están y quiénes faltan y así conocerán el color de los unos y los otros)