Ironías
del destino: casi medio siglo buscando fórmulas para eliminar el Ejército, para
suprimir el servicio militar obligatorio, para reducir el número de cuarteles,
generales y coroneles, para dejar sin contenido ni objetivos a las Fuerzas
Armadas, transformándolas en una ONG encargada de ayudar a docenas de países en
apuros mientras en el interior del país los soldados se transforman en un
cuerpo altamente especializado que lo mismo apaga un incendio forestal que
interviene en inundaciones o, como ahora, se dedica a liberar a varios miles de
personas atrapadas por la nieve en unas autopistas que el Estado ha puesto en
manos de empresas privadas para que ganen dinero mientras suben los premios de
los peajes y despiden a docenas de trabajadores, los que deberían haber estado
trabajando para prevenir los problemas del desastre. Pero está por ahí la
Unidad Militar de Emergencia, la UME, que se ha hecho ya más famosa que Ronaldo o Messi, en funciones
de Protección Civil cívica y ciudadana pero desaparecida, la misma UME que el
Partido Popular denigró en su creación, allá por el año 2007, cuando la inventó
el gobierno de Rodríguez Zapatero y ellos, los otros, dijeron que no hacía
falta semejante dispendio. No soy militarista, no tengo ninguna afición por la
estructura militar. Sólo digo que esto es una ironía. Queríamos librarnos del
Ejército y resulta que, a la hora de la verdad, el Ejército es necesario y no
se si imprescindible.
José Luis Muñoz. Una visión permanente sobre las circunstancias de la vida cultural en Cuenca, comentada con espíritu comprensivo y un punto crítico. Literatura, arte, patrimonio, cuestiones cotidianas, a través de la mirada de un veterano periodista.
viernes, 13 de abril de 2018
LAS SORPRESAS DE JULITA (07-01-2018)
Si alguien no lo ha leído, porque ha pasado de largo por esa página o
porque no es habitual lector de El País,
recomiendo sinceramente el artículo que firma Elvira Lindo en la página 25
del número de este último domingo, “Lo que Julita nos enseña”, dedicado a
descifrar de una forma verdaderamente atractiva el carácter y la forma de ser
de uno de los personajes más extraordinarios que nos ha dado el cine español en
los últimos tiempos. No es una absoluta novedad este recurso, el que emplea el
director Gustavo Salmerón, tomando como protagonista a su propia madre. Lo hizo
Paco León con la suya y Daniel Monzón con su abuela, pero desde luego que
ninguno de esos ejemplos (y otros parecidos, que los hay) se acerca ni de lejos
al prodigioso ejercicio de dirección y de interpretación que se puede encontrar
en Muchos hijos, un mono y un castillo, que
pudo verse en la última Semana de Cine de Cuenca, donde no se supo muy bien qué
valorar más (entre la sorpresa general), si la dinámica realización, el
sorprendente mundo interior y familiar desvelado, la inconmensurable capacidad
para la crítica y la sátira o, desde luego, la forma de actuar de esta
inesperada actriz, que ha saltado espectacularmente desde el anonimato a la
fama.
Julita Salmerón nació en Cuenca y en la actualidad vive en Madrid, con
su familia, pero como no hace mucho le dijo su hijo Gustavo a Paco Auñón para
la cadena Ser, “mi madre siempre vuelve cada año a Cuenca por
Navidad para cruzar el puente de San Pablo y contemplar,
desde el Parador, la hoz del Huécar y las Casas Colgadas. Para ella la ciudad
antigua es como un belén”.
Cuenca está muy presente en la película, aunque no se la mencione de
manera expresa cada dos por tres y ello nos permite apropiarnos de un film como
éste, nominado al Goya como mejor documental, a falta de que los escenarios
conquenses se conviertan alguna vez en materia de película, algo que siempre y
en tantos sitios se dice pero raramente sucede.
Julita Salmerón es, como
escribe Elvira Lindo, “una persona real, pero también un personajazo que se
sale de la norma y por eso nos reconforta”. Uno más, sin duda, de los cientos
de personajes anónimos perdidos entre pueblos y ciudades, a la espera de que
aparezca un guionista o un director, sea hijo o vecino de al lado, capaz de
encontrar en ellos el incontenible caudal de sabiduría y emociones que con toda
probabilidad atesoran.
Etiquetas:
JULITA SALMERÓN,
MUCHOS HIJOS UN MONO Y UN CASTILLO
IMPRESCINDIBLE ADRIÁN NAVARRO (06-01-2018)
IMPRESCINDIBLE ADRIÁN NAVARRO (06-01-2018)
Adrián Navarro es ya, a estas alturas, uno de los nombres esenciales de
la cultura conquense, sin necesidad de mayores ditirambos. La suya ha sido una
carrera metódica, progresiva, manteniendo siempre una línea de continuidad, la
del trabajo realizado de manera consciente, por una parte siguiendo la línea
recta de sus intenciones y por otra desviándose parcialmente para buscar, por
los senderos laterales, otras fuentes de inspiración, otros motivos estéticos
que aplicar a sus propósitos. Todo eso está muy presente en esta exposición que
cubre las paredes y el suelo del Centro Cultural Aguirre, a donde es
conveniente acercarse antes de que llegue el momento final de la muestra, ya
próximo.
Adrián Navarro (El Provencio, 1942) es sobre todo alfarero y ceramista,
con una obra sólida, de evidente prestigio, que ha ido evolucionando desde sus
orígenes tradicionales, vinculados a la estela que había marcado Pedro
Mercedes, pero de la que se ha ido desviando progresivamente para afrontar su
propio línea de expresión, y no solo en las formas de los objetos que diseña,
sino también el su estructura y colorido. Se puede contemplar un apretado
resumen en esta exposición, en la que no hay tantos objetos de cerámica como
placas y cuadros que nos revelan a un artista de original trazado y severo
atrevimiento para internarse en territorios poco trillados. Hay en él mucha
imaginación, no poca osadía para dibujar elementos difuminados en una línea muy
propia, inconfundible podría decirse, con alternancia muy eficaz de sugerencias
cromáticas que vienen a aportar una notable variedad a una muestra no muy
abundante en número de piezas expuestas, pero sí en sensaciones visuales.
No hay querido renunciar Adrián a su más definitorio y extenso trabajo,
el de las formas alfareras, de las que hay también unos maravillosos ejemplos
que, estratégicamente situados, vienen a enmarcar el conjunto de esta
exposición que, desde la serenidad y el equilibrio, nos trasmite un mundo
personal pleno de sabiduría, unas manos diestras en el manejo del pincel y el
buril.
EL QUIOSCO CERRADO (05-01-2018)
EL QUIOSCO CERRADO
(05-01-2018)
Nunca hubo en Cuenca
abundancia de quioscos de prensa callejeros. Imagino que la complicada
topografía urbana de esta ciudad, en la que abundan calles con aceras bastante
estrechas, salvo algunas de las formadas en los últimos años en la zona de la
carretera de Valencia, dificultaba la implantación de estos elementos que, en
otros sitios, forman parte ineludible del paisaje cotidiano. Miremos las
grandes avenidas de Madrid, o de Valencia, o como descubrí no hace mucho en
Córdoba, donde me sorprendió la sucesión de quioscos, separados por no
demasiados metros.
En Cuenca, ya digo, nunca
los hubo, pero sí existieron, incluso uno en la Anteplaza. Aquí, por las ya
citadas dificultades callejeras, o por costumbre, se mostró preferencia por los
despachos de prensa en soportales interiores de los edificios y así son la
mayoría de los que siguen existiendo. Ahora acaba de cerrar el penúltimo
quiosco callejero, el situado en la esquina de las calles Aguirre y San
Francisco; antes, hace unos años, lo hizo el que aún está, físicamente, pero
cerrado, junto al parque de Santa Ana, frente a la Plaza de Toros. Con la
última pérdida, me parece que ya solo queda en pie el que desde tiempo
inmemorial se encuentra frente al que fue teatro-cine Xúcar.
Naturalmente, ya estamos
acostumbrados a la liquidación de vetustos elementos urbanos sobre los que no
cabe más que unas palabras de nostálgica despedida. Pero en este caso, además,
interpreto que ese hecho va ligado también al progresivo descenso del mundo de
los periódicos y revistas en papel, aunque cuando entro en uno de esos
sacrosantos lugares, siempre coincido con bastante gente comprando cosas, eso
sí, con abundancia de chucherías varias, pero no faltan los compradores de
prensa.
En fin, cosas de los
tiempos, que dirían los clásicos. Aquí dejo constancia visual del quiosco, ya
cerrado, de la calle de San Francisco y dejo para otras mentes más profundas
las oportunas meditaciones socio-filosóficas.
MANSIEGONA, CON UN TOQUE ROMÁNTICO
Con
severa y encomiable puntualidad llega cada mes de diciembre a las manos de
quienes gustan de este tipo de publicaciones una revista nacida en las altas
cumbres de la Serranía de Cuenca y que responde al sonoro título de Mansiegona. Resulta casi conmovedor que
en estos tiempos acongojados por la pasión de todo lo que circula a través de
la red (incluidas estas notas personales) aún haya románticos apegados al papel
en los que transmitir ideas, noticias, informes o comentarios. Y es que,
verdaderamente, aunque la realidad es tozuda y todos sabemos por dónde van los
tiros y el futuro, nada hay más satisfactorio y estimulante que el papel
impreso.
Este
es el número 12 de la revista, que nace bajo los auspicios de la Asociación
Cultural del mismo título, con sede en Masegosa, bajo la coordinación de Jorge
Garrosa Mayordomo como responsable de recoger y ordenar los trabajos. Una
poesía de Luis Auñón Muelas abre el número que, tras este arranque literario, se
introduce en los angostos senderos de la investigación, con propuestas de muy
variado contenido, entre las que me ha llamado la atención un esbozo, breve,
pero sustancioso, del proceso por el que Cuenca pasó de Intendencia a
Provincia, entre los siglos XVIII y XIX; un artículo biográfico sobre el obispo
Miguel Muñoz, natural de Poyatos; un curioso informe sobre los pantanos que
nunca se hicieron, de los que hay varios ejemplos; otro sobre una de las
aventuras del maquis por aquellos parajes serranos, en concreto un incidente en
el que quemaron un autobús de La Camphichuelense; un amplio dossier sobre la
guerra de la Independencia en la Serranía de Cuenca; y un curioso trabajo
naturalista sobre las mariposas diurnas de aquellos parajes, junto con varios
relatos que nos ayudan a recrear tiempos, costumbres y situaciones, incluyendo
el famoso viaje de Amalia de Sajonia al Solán de Cabras.
Verdaderamente
interesante esta publicación, una de las pocas que aún sobrevive en el mundo de
la letra impresa, para regocijo de los amigos de tales aventuras culturales,
entre los que anoto mi nombre.
martes, 26 de diciembre de 2017
VILLANCICOS MADE IN CUENCA
En
estos días navideños que ya caminan hacia su total liquidación se ha presentado
un bonito e interesante CD amparado por el título, igualmente apropiado para
estas fechas, de Las doce ya están
sonando, bajo el que hay un subtítulo explícito: “Villancicos”, por si
hubiera alguna duda.
Suenan
las doce, hora mágica en el portal de Belén y en cualquier otro sitio, pero son
trece los compositores llamados a poner música a las letras que cantan el
mensaje, generalmente amable, vinculado a esta celebración. Entre ellos destaca
el veterano José López Calvo, junto a otros nombres también consolidados, como
José Miguel Moreno Sabio o José Antonio Esteban, a los que acompañan otros
valores más jóvenes, algunos ya con cierto prestigio a medida que van
consolidando sus trabajos, como Manuel Millán de las Heras, Luis Carlos Ortíz,
Mary Margeliza, Javier Pelayo, Juan Carlos Aguilar y algunos otros, hasta
completar esa lista de 13 que cubren el tiempo de grabación.
Entre
los letristas se encuentra el imprescindible Federico Muelas y el casi también
necesario José Ángel García, pero en la mayoría de los casos coinciden ambos
papeles, música y letra, en la misma persona, asunto que no se si es bueno,
malo o indiferente. Lo común es encontrar competencias diferenciadas, pero
tampoco pasa nada si han decidido hacerlo todo por sí mismo.
El
resultado es un trabajo interesante, además de novedoso, y que viene a
actualizar un repertorio tan trillado como el de las canciones navideñas. Quizá
hubiera sido conveniente algo menos de solemnidad y complejidad en varias de
ellas, más cerca de la composición sinfónica que de la popular, que es de lo
que se trata, porque los villancicos sirven para animar belenes, cenas y
tertulias amistosas y no todos los que integran este CD pueden cantarse
fácilmente. Pero el trabajo es, desde luego, meritorio.
lunes, 25 de diciembre de 2017
LA CULTURA PARCELADA EN BANDOS
Contemplo
en uno de los periódicos conquenses (da lo mismo especificar si es en papel o digital) una fotografía relativa a un
acto aparentemente cultural, pero marcado por la política, porque se trata de
la imagen de los asistentes que se agrupan en torno a la máxima autoridad
presente en la ceremonia, rodeado de otros cuantos personajes de postín, todos
ellos relacionados por un dato común: pertenecen al mismo partido. Al acto
podrían haber asistido, desde luego, otras autoridades provinciales y locales,
sobre todo de personas vinculadas a la cultura, pero no, están solo los de un
bando, con la llamativa ausencia de los del otro.
Esa
imagen que hoy me llama la atención es similar a otra que se había publicado
dos días antes, relativa también a otra inauguración de una especialidad muy
parecida a la anterior; la diferencia entre una y otra es que en esta segunda
están presentes justo los que no habían aparecido en aquella otra mientras que
están ostentosamente ausentes los de la imagen que comento al comienzo.
Es
decir, para entendernos, los absurdos partidos políticos que se reparten el
poder y el gobierno de las instituciones existentes en Cuenca han decidido
ignorarse unos a otros o, lo que es lo mismo, no acudir a ceremonias
organizadas o protagonizadas por uno de ellos. De esa manera, inaugurar una
exposición, por ejemplo, se convierte en un acto partidista, reservado
exclusivamente a quienes tienen el protagonismo de ella.
Eso
si, cuando, por casualidad o equivocación, coinciden en algún acto, todos los
oradores repetirán la misma salmodia, haciéndose lenguas de la bondad de
colaborar entre todos, de aunar fuerzas, de sentido solidarios en el bien
común, olvidándose del espectáculo penoso que ofrecen con ese constante
ninguneo que ofrecen visualmente y del que son testigos las fotografías
publicadas en los medios informativos.
La
cultura, los actos culturales, deberían estar al margen de estas cuestiones tan
de poca monta.
Ese
sería un buen deseo, mío y de más gente, para el año que comienza.
Me
temo que nos quedaremos con las ganas.
(Para ilustrar el comentario, ahí tienen los asistentes a la reinauguración del Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, hace unos días. Miren atentamente, vean quiénes están y quiénes faltan y así conocerán el color de los unos y los otros)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



