miércoles, 8 de agosto de 2018

CAMBIO DE DIRECCIÓN



Este blog ha cambiado de dirección. En adelante, los comentarios personales de José Luis Muñoz los puedes encontrar en su blog personal en la dirección

https://joseluismunozencuenca.blogspot.com/

lunes, 2 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL CRIMEN DE CUENCA



Cuando toma carta de naturaleza un tópico, luego no hay manera de desmontarlo. Pero aún: se repite, continúa propagándose y engorda hasta que el tópico inventado sustituye por completo a la realidad cierta.
Sobre el nombre de Cuenca recaen dos sucesos de singular importancia, hondo dramatismo y engolfado atractivo popular: el crimen sucedido en Albalate de las Nogueras en 1893 y conocido desde su mismo origen como el crimen de Cuenca y el error judicial acaecido en el juzgado de Belmonte a partir de un presunto asesinato en Osa de la Vega, en 1910.
Durante varias décadas no hubo ningún problema en diferenciar ambos sucesos, cada uno con su peculiar dramatismo y singulares circunstancias. Hasta que llegó Pilar Miró y, en colaboración con la escritora Lola Salvador pergeñaron en 1979 el guión de una película que titularon El crimen de Cuenca. Excelente película, todo hay que decirlo, porque una cosa no tiene que ver con la otra. Pero esa película, titulada así, no escenificaba en realidad el auténtico crimen de Cuenca, sino el error judicial de Osa de la Vega y de esa manera, al mezclar y confundir ambos sucesos, el público en general, que no tiene tiempo de andar entretenido en matices, cambió de inmediato una cosa por otra y de la manera más sencilla ahora todo el mundo considera que el crimen de Cuenca sucedió en Osa de la Vega. Y así ocurrirá, al menos, hasta que a alguien se le ocurra hacer una película para reproducir el auténtico crimen, el de Albalate de las Nogueras.
Abundando en el error y aprovechándose de la fama del título cinematográfico, acaba de aparecer un libro titulado Juan José de Jáuregui y Mendoza, forense del crimen de Cuenca (1882-1938), escrito por su nieto, Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui, que ha utilizado la amplia documentación conservada por su antepasado para volver a rehacer el famoso suceso de Osa de la Vega, al que, para contribuir acrecentando el error, vuelve a llamar el crimen de Cuenca, latiguillo que, a lo que parece, no va a poder ser superado nunca más.
         Al hilo de este asunto añadiré algo más. Si alguien tiene curiosidad por intentar encontrar la verdad en Wikipedi, hallará dentro del apartado dedicado al crimen de Cuenca la curiosa nota de que “sobre estos hechos auténtico, el escritor Alicio Garcitoral, gobernador civil de Cuenca cuando ocurrieron, escribió su novela social El crimen de Cuenca (1932)” temeraria afirmación que viene a confirmar lo ya conocido: en ese almacén de errores y disparates que es Wikipedia cabe cualquier cosa. Aquí hay dos: Alicio Garcitoral no era gobernador civil de Cuenca cuando ocurrieron los hechos (1910) sino veinte años más tarde (1931) y su novela (que el autor de la nota, evidentemente, no ha leído), no va sobre el crimen sino sobre la situación política de Cuenca en el inicio de la República.
         Cosas que pasan y tonterías que se dicen.

domingo, 10 de junio de 2018

LAS MOMIAS DE LA IGLESIA DE SANTA CRUZ



        La lectura en El País del domingo 27 de mayo de un reportaje sobre las momias me ha traído a la memoria una colección de ellas que durante mucho tiempo ocuparon espacio en los papeles y murmullas de intriga en los corrillos callejeros, las de la iglesia de Santa Cruz, en Cuenca. El asunto viene ahora a cuento de un congreso mundial celebrado en Tenerife, en el que no solo han participado sesudos expertos en la materia, sino también una nutrida representación de cuerpos momificados, de los que hay cientos de ejemplos repartidos por todo el planeta.
       Una de las conclusiones de esta reunión de expertos es que las momias siguen fascinando pero ya no provocan tanto morbo, o sea, que son aceptadas con relativa normalidad, incluso por los niños, ya que una encuesta entre los 12.000 que visitaron la exposición dio un resultado muy revelador: la mayoría opinó que no dan susto y que son muy interesantes para estudiar.
       Las de Cuenca también tuvieron su momento de gloria, no solo cuando fueron descubiertas sino cuando muchos años más tarde en fueron “redescubiertas” y lanzada al morbo público. El hallazgo se le ofreció al albañil Aurelio Torralba cuando en 1930 estaba trabajando en el derribo de un edificio anejo a la iglesia, encontrando, tras una pared, una habitación completamente ocupada por huesos y los cadáveres momificados de cinco adultos y un niño. Una de las mujeres tenía entre sus manos una bula fechada en 1694 a favor de Quiteria López de Ayala, mientras que la otra tenía al niño en sus brazos; de los tres hombres adultos, uno vestía hábito religioso y otro tenía una venda enrollada en el muslo, ocultando un papel con los signos astrales de Libra y Capricornio. Las momias quedaron depositadas en casa de la familia Torralba y en 1970 fueron entregadas en depósito a Antonia Soria, santera de San Isidro, que desde ese momento las fue enseñando a cuantos quisieron verlas, especialmente periódicos y alguna TV sensacionalista que, como es natural, en seguida quiso buscar la intervención de la Inquisición, por más que estaba claro y diáfano que tan cruel institución no tuvo nada que ver en el caso. La Iglesia, por su parte, siempre se mostró favorable al enterramiento de los restos, argumentando que no había ningún motivo para mantenerlas en un recinto sagrado.
       Y así, sencillamente, las momias de la iglesia de Santa Cruz pasaron a la historia y al olvido.



sábado, 9 de junio de 2018

ANTONIO MORAL, EN CANDELERO



Antonio Moral está de moda estos días, aunque los medios de información de Cuenca (los impresos y los digitales) no se enteren o no se quieran enterar. Nacido en Puebla de Almenara (1956), Antonio Moral es todavía, y ya solo por unos pocos meses, hasta septiembre, director del Centro Nacional de Difusión Musical, creado en 2010, que agrupa el Auditorio Nacional, el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, el Auditorio 400 del Museo Nacional Reina Sofía y el Centro de Músicas Históricas con sede en León. Y aunque esas son las sedes estables, desde ese organismo y bajo su dirección se han propiciado otras muchas actividades en distintas ciudades españoles, como Cuenca, donde no hace todavía mucho organizó un concierto de órgano en la catedral.
            Antonio Moral está de moda desde que el mes pasado anunció que dejaba el cargo, harto de pelear con Hacienda, a la que considera, como muchos otros, el mayor enemigo que tiene la Cultura en este país, por la sucesión inacabable de obstáculos, cortapisas y dificultades que, con el pretexto de garantizar la pureza y honradez del sector público (en el que, como todos sabemos, pasa lo que pasa y ahí están los tribunales trabajando a destajo) no hace más que poner inconvenientes para que la labor de un gestor cultural se pueda desarrollar con una razonable comodidad. Y eso que pasa en la Hacienda estatal, al más alto nivel, se transmite con idénticas condiciones a las otras haciendas, las locales, no menos entorpecedoras que las otras.
            Moral, que ha trabajado siempre en el sector privado, donde las circunstancias son otras, no se debía esperar que, como ha explicado, la mayor parte de su tiempo tuviera que dedicarlo a minucias administrativas enrevesadas, como le ha sucedido. Y eso, estoy seguro, no lo va a resolver el nuevo gobierno, por más que quisiera. Hay una estructura inamovible, que está por encima de las ideologías, los partidos y los gobiernos y Hacienda va a seguir Hacienda, cualquiera que sea el color de su antes ministro y ahora ministra.
            El protagonista de esta nota está ahora a la espera de una nueva ocupación que, sin duda, la encontrará de inmediato. Mientras, se pasea por todos los medios de comunicación que quieren oirlo, para ir explicando su experiencia y, de paso, emitir algunas enseñanzas sobre la Cultura y la Música en este país.

jueves, 7 de junio de 2018

CAMBIO DE ALINEACIÓN



1
Nunca habíamos conocidos un gobierno con cuentagotas. Siempre ha habido, por parte de los medios, un entretenido juego de adivinanzas para intentar rastrear pistas que pudieran ayudar a identificar un nombre u otro y casi siempre se producían aciertos y algunos resbalones, pero nada estaba seguro hasta el último día, cuando se hacía pública la lista oficial. En este caso no. Apenas si José (o Josep) Borrell había sido elegido para ocupar la cartera de Exteriores (un acierto, dicho sea de paso, porque entre otras muchas cosas este país nuestro necesita a marchas forzadas mejorar la alicaída imagen que se ha ido formando en Europa en los últimos meses) cuando ya se lo estaba contando, él mismo, a todo el mundo. Luego empezaron a salir a la palestra otros nombres pero no con el acompañamiento habitual de rumores, sino dándolos por hechos ciertos. Y todos se han confirmado.

2

De esa manera, volvemos a donde estábamos antes, a no tener ministro, porque en Cuenca, eso de tener alguien en el gabinete donde se cuecen las grandes cosas del país, ha sido cosa extraña, nada frecuente. En los tiempos de Franco la provincia solo pudo contar con el ínclito Francisco Ruiz-Jarabo y en los tiempos de la democracia el único ministro fue Virgilio Zapatero, aterrizado por aquí como cunero, condición que también le incumbe al recién cesado Rafael Catalá, que no solo se ha vinculado a la provincia por motivos políticos y representativos, sino que también ha encontrado por aquí otras razones para el dolce far niente y eso, imagino, hará que siga viniendo con la frecuencia que el caso requiere. Claro que ya no podrá llevar a cabo los grandes proyectos que tenía para nosotros, según gustaban de decir sus fieles acólitos.

3

Confieso que me he quedado descolocado. Estábamos con lo del goteo que decía antes, esperando la hora del chupinazo final y en esas va y aparece la mención al reaparecido ministerio de Cultura al que, justamente, yo iba a dedicar esta tercera nota, lamentando que siguiera sin cobrar forma. Pues me tengo que tragar el preparativo lloriqueante porque volvemos a tener ministerio de Cultura (con el añadido del Deporte, que no falte) y se lo adjudican a un creador multimedia, que lo mismo le da a las ondas y al pincel que a la literatura. Imposible adivinar si Maxim Huerta va a hacerlo bien o menos bien, pero lo que sí es muy alentador es que España vuelva a tener ese maltratado departamento. Vaya con el señor Sánchez, don Pedro, y que equipo más apañado ha sido capaz de organizar así, de prisa y corriendo.



SOROLLA DEL INTERIOR




         Estar un rato en la Casa Zavala, pasear por esas salas austeras a la vez que cómodas, sentir el riguroso silencio que nos aleja de la barahúnda exterior de la cercana Plaza Mayor, dejar que la mirada vaya de un cuadro a otro, palpar sentimentalmente la proximidad de un pintor como Sorolla, son ingredientes, entre otros muchos seguramente, que un observador detallista podría añadir a este escueto repertorio, al amparo de la excelente muestra que ocupa estos días el felizmente recuperado espacio expositivo.
         Sorolla, tierra adentro es un título muy expresivo, que indica bien, sin subterfugios, lo que nos esperaba y encontramos al cruzar los primeros escalones que conducen a las salas. Este no es el Sorolla archiconocido de las playas, los niños desnudos, los pescadores faenando en las orillas del mar Mediterráneo. Este es el pintor que pateó España de cabo a rabo, pintándola, paisajes duros y ásperos del interior castellano, donde buscaba una expresividad plástica que le ayudara a plasmar una suerte de nacionalismo nada excluyente, sino abarcador de las bellezas y dolores de una tierra tan amplia como dolorida.
         Sierras y riberas fluviales, campos cultivados y montañas nevadas, árboles desnudos y tierras feraces, todos ellos auténticos, porque así trabajaba el maestro y así trasladaba al lienzo lo que veía. Auténtico es este Sorolla que hasta el 22 de julio sugiere y ofrece belleza, placer, sentimiento.


lunes, 4 de junio de 2018

ROMANOS DESPLEGADOS EN CUENCA




Uno de los muchos problemas de esta ciudad nuestra (o sea, Cuenca) es que se organizan cosas, bastantes cosas, de las que solo se enteran los protagonistas y sus familiares. Los mecanismos de comunicación funcionan por aquí fatal y eso explica que no nos enteremos bien de lo que está a punto de pasar o que nos enteremos cuando ya ha pasado. Por ejemplo, de una actividad didáctico-lúcida que se celebró días atrás en los jardines del Hospital de Santiago, a cargo de los alumnos de 5º y 6º curso del colegio La Milagrosa, que hicieron un montaje teatral de contenido histórico, en torno a la romanización de España y especialmente de Cuenca. Los alumnos actores, como “viajeros en el tiempo” han podido pasear por una réplica de un foro romano, en la que ciudadanos, senadores, esclavos, músicos, actores, legionarios, filósofos y mercaderes han interactuado con ellos y les han explicado cómo era la cultura y la vida en las ciudades fundadas por el imperio romano en nuestra provincia.
         A la experiencia se le puede añadir la palabrería propia de estos casos, porque nos cuentan que ha funcionado como herramienta didáctica que va a servir para despertar la iniciativa y el espíritu emprendedor de los alumnos en el futuro, mediante estrategias innovadoras de aprendizaje y utilizando los recursos que ofrece nuestra provincia con el objetivo de valorar y respetar nuestro patrimonio histórico.
         Muy bien dicho, pero a mí me hubiera gustado verlo, en vivo y en directo y no que me lo cuenten al cabo de los días.


miércoles, 30 de mayo de 2018

EN LA MUERTE DE JUAN EVANGELIO



La muerte de Juan Evangelio nos deja un poco huérfanos a todos los que encontramos en el libro cualquiera de esos sentimientos que aún afloran en el alma humana: el gusto, la afición, la pasión, formas de afecto que suelen hallar en el libro el amigo constante, la compañía fiel sin exigencias ni premuras. Para quienes, además, escribimos y aspiramos a encontrar lectores-compradores, la intervención eficaz de un intermediario tan voluntarioso como Juan Evangelio fue determinante. Un librero al viejo estilo, que no necesitaba el recurso permanente al ordenador para saber dónde está ese volumen o aquel ni quien era el autor o en qué punto de los aparentemente desordenados anaqueles podría encontrarse el objeto del deseo o qué recomendar (era un auténtico especialista en plumas estilográficas) en la búsqueda del regalo apropiado. Durante años alimentó en su entorno una auténtica tertulia ciudadana y libresca, que se prolongaba mucho más allá de la hora de cierre del local porque, y eso era evidente, él era el primer comerciante de Carretería en abrir las puertas y el último en cerrarlas. Su peculiar bonhomía, de amplia generosidad y abierta risa contagiosa, venía a ser como un bálsamo en el que se podía encontrar reposo más allá del trajín de la que fue calle bulliciosa, ahora un tanto descafeinada pero igualmente amistosa. Hace unas semanas dediqué un artículo a la librería señalando el notable matiz de que es el comercio más antiguo de Cuenca, camino de cumplir los cien años y apuntando como cosa notable que ese privilegio corresponda precisamente a una librería, tipo de establecimiento que está desapareciendo a marchas forzadas de muchas ciudades españolas. Hubiera sido un gesto amable del destino que Juan Evangelio pudiera haber llegado a ver ese centenario. Ha muerto ahora y el mundo del libro, en Cuenca, tiene motivos sobrados para estar de luto.


PROPIETARIOS DE UN ESPACIO PÚBLICO



Me parece muy interesante la observación que hace Elvira Lindo (El País, 27 de mayo) sobre la forma en que las terrazas veraniegas de los bares, tan apetitosas, tan agradables con el buen tiempo, se han ido apoderando de las aceras hasta el punto de considerarlas como cosa propia, de manera que ese suelo, dice, ya no es de los ciudadanos, sino del que paga el alquiler. Interpreta con acierto lo que parecen pensar los propios interesados, los propietarios de esos locales y, de paso, también el Ayuntamiento, convencidos unos y otros de que el abono de una tasa discrecional otorga sin más el derecho de propiedad del suelo que ocupan. Lo curioso, y coincido con ella, es que nosotros, los de a pie, los usuarios de esas terrazas, asumimos que no tenemos ningún derecho, que solo lo tienen los bares usuarios del espacio. Y por ello asistimos, sin especiales protestas ni quejas a lo que ha pasado de ser uso para convertirse en abuso. De los muchos ejemplos que se pueden citar basta con referirme al más expresivo, el de la Plaza Mayor de Cuenca. En un sector, el de la izquierda, junto a la calle Pilares, no hay espacio para los peatones puedan caminar. Si quieren hacerlo tienen que salir necesariamente a la propia plaza, para coexistir, o sea, pelear, con los coches. En la otra acera, junto a las viviendas, sí que hay un pequeñísimo pasillo por el que se puede transitar en fila de uno pero cuidando de no tropezar con los camareros que salen del interior para llevar el suministro a las mesas y que, por norma general, consideran que ellos tienen prioridad y por tanto los demás debemos apartarnos y cederles el paso. Como si fueran los propietarios, los dueños absolutos de la terraza y de la calle. Ciertamente es muy curioso comprobar cómo, en una civilización que reclama derechos a cada momento, hemos renunciado al más sencillo de todos, al de considerar que la calle es propiedad colectiva, de la ciudadanía, y no de quienes instalan terrazas.

miércoles, 23 de mayo de 2018

NI JUNTOS, NI REVUELTOS



La cultura, en cualquiera de sus estamentos y manifestaciones, debería ser un factor de cohesión social, no partidista.
Veamos dos fotos y sus correspondientes relatos.
Feria del Libro en Cuenca. La organizan, promueven y financian dos instituciones públicas, Ayuntamiento de Cuenca y Diputación provincial, ambas dirigidas por el PP. En consecuencia, ningún responsable del PSOE asiste a ninguno de los actos organizados, ni el delegado de la Junta ni siquiera la directora provincial de Educación y Cultura. No creo que esta ausencia se haya extendido a la totalidad de miembros del partido socialista conquense; más bien creo que cada uno actúa según su criterio personal y que nadie en su sano juicio aplica criterios políticos (sectarios, más bien) a una actividad tan inocente y casta como comprar o leer libros.
Inauguración de la iluminación especial con que Iberdrola obsequia a la fachada principal del monasterio de Uclés, para que la espléndida portada churrigueresca brille y destaque en toda su plenitud, como un faro luminoso en la negritud de la noche manchega. Al acto asisten, junto con dirigentes de la empresa eléctrica y el obispo de Cuenca, el presidente y el vicepresidente de la Junta de Comunidades, Emilio García Page y José Luis Martínez Guijarro, ambos del PSOE. Ni en la crónica del acto ni en la foto hay alusión alguna ni presencia de responsables del PP, incluido el presidente de la Diputación que, se supone, algo tiene que ver con lo que ocurre en la provincia.
Como es natural, la forma en que actúan los responsables de aplicar el protocolo no está a mi alcance. Yo no se si unos y otros se invitan cortés y educadamente y tampoco si, en tal caso, unos y otros se disculpan no menos educadamente. Sin saberlo, pero suponiendo que no ocurre ni una cosa ni la otra, sino que simplemente se ignoran, se marginan, en actos públicos que son de todos los ciudadanos, no de un partido político concreto, sí estoy en condiciones de afirmar que esa es una forma muy torpe de actuar y que, lejos de merecer el aplauso caluroso de la ciudadanía, lo que deben recibir es una enorme reprobación porque no han sido elegidos para hacer tonterías ni actuar de manera mezquina, sino para trabajar conjuntamente a favor de toda la sociedad.
Quedan muy bien cuando se ponen de acuerdo para aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña. Pues quedarían mucho mejor si aquí mismo se dieran la mano y se hicieran juntos la foto cada vez que hay una ocasión favorable para ello. Seguro que los fanáticos sectarios de uno y otro partido no estarán de acuerdo, pero seguro también que el conjunto de la sociedad conquense sí lo vería de perlas.
Eso sí, el monasterio queda muy vistoso con su nueva iluminación exterior. Y la Feria del Libro funcionó muy bien. A pesar de las ausencias en uno y otro caso.

lunes, 21 de mayo de 2018

HUBO FERIA Y ESO ES LO QUE IMPORTA



Llegó, se abrieron las casetas, llegaron los niños, no llovió (apenas unas gotas) y tampoco hizo excesivo frío, de manera que lo mejor que se puede decir de la Feria del Libro de Cuenca, recién terminada, es que se ha podido celebrar, así, sencillamente y a fin de cuentas, eso es lo que importa. Lo demás es accesorio y forma parte del ritual cotidiano: que si el sitio elegido este año (la Plaza de España) es mejor o no que otros utilizados antes; que si la disposición de las casetas, mirando hacia fuera, no hubiera estado mejor formando un cuadro hacia dentro; que si los conquenses leemos poco o mucho, o haciendo una cosa u otra, si gastamos los euros convenientes en las librerías… O sea, lo de siempre. Pero más allá de este rosario de comentarios que forman parte inalterable del repertorio siempre vinculado a la Feria del Libro, lo meritorio es que haya vuelto a montarse y que la gente, el público, haya acudido. Hay otros ingredientes que también forman parte del entramado de esta convocatoria. Los autores, por ejemplo. Abundan las presentaciones de autores locales, casi todos nuevos (los veteranos o están cansados de publicar o han preferido guardarse los títulos en ciernes para otra ocasión más selectiva), aunque algún nombre consagrado sí ha querido pasear sus libros por el recinto ferial. Firmas de relumbrón también ha habido alguna, para satisfacer el morbo de los curiosones a la captura de un autógrafo. La semana ha cumplido con su obligación y eso, solo por eso, ya es cosa digna de ser anotada como meritoria.

domingo, 20 de mayo de 2018

REGALOS AJARDINADOS



Eso que se ve en la foto es real y verdaderamente lo que parece ser. No es un montaje fotográfico ni una manipulación visual de las que con tanta habilidad realizan los aficionados los manejos tecnológicos. No, eso que hay en la foto es una mierda auténtica, depositada hábilmente en el centro mismo del parque de San Julián, en el que antiguamente había jardineros y vigilantes y que ahora es campo libre para el desarrollo de cualquier fechoría. Como es deducible, nadie está atento, ni en ese sitio ni en ningún otro, para controlar este tipo de desmanes y como, por otro lado, los propietarios de perros no son siempre diligentes en recoger los detritos de sus queridos animales, pasa lo que pasa. Ah, y si en el parque hay niños jugando, pues que se fastidien. Así van las cosas en esta ciudad admirable.

sábado, 19 de mayo de 2018

UN BRINDIS AL SOL



         La proliferación de graffitis callejeros suscita diversas corrientes de opinión. Las gentes bienpensantes reaccionan, por lo general, de forma más bien intempestiva, con referencias concretas a la fealdad de esas pinturas (aunque hay algunas bellísimas, las cosas como son), el mal gusto de los mensajes (aunque también hay algunos con cierto contenido poético), la inconveniencia de andar pintarrajeando paredes o edificios públicos (y ahí sí que no hay mucha defensa) y la incompetencia de la autoridad municipal, ciertamente torpe a la hora de impedir o perseguir tales actuaciones presuntamente incívicas. En la otra parte están los partidarios de la libertad de expresión. Cuántas miserias, ay, se están cometiendo al amparo de este admirable concepto.
         Sin que yo esté en condiciones de poder establecer una comparación cuantitativa, asunto que requeriría complicados mecanismos de medición de número de pinturas existentes y porcentaje total de superficie afectada, sí parece que, a ojo de buen cubero, en la ciudad de Cuenca proliferan los mensajes en forma de graffitis, sin que tampoco haya una evidencia cierta de que eso se debe a la eficaz influencia de la facultad de Bellas Artes, cuyos efluvios artísticos y espíritu de creatividad se extienden hacia una gran parte de ciudadanos, seguramente jóvenes (pero no necesariamente) que, a falta de otros medios materiales para desarrollar su vocación recurren a estos mecanismos de libre expresión callejera para mostrar sus inquietudes pictóricas y, si hace falta, sociales.
         Lo que pasa es que, en ocasiones, a estos voluntarios del arte libre callejera se les va un poco la mano, como pasa con este letrero pintarrajeado en la fachada del edificio de los sindicatos, cuyo penoso aspecto invita poco a la alegría estética. Porque, las cosas como son, espíritu revolucionario, en Cuenca, hay poco, por no decir ninguno. Me temo que la invitación tan entusiasta contenida en ese mensaje no ha conmovido ni un ápice la sosegada y complaciente vida de la ciudadanía conquense. Vaya, lo que se dice un brindis al sol.



martes, 1 de mayo de 2018

LOS NAZIS LLEGAN A CUENCA



         Es un lugar común repetir que Cuenca es una ciudad (la provincia también) especialmente dotada para el rodaje de películas, a pesar de lo cual, la realidad viene a contradecir tan buenas opiniones, porque son escasísimos los ejemplos que se pueden citar, todos ellos bien conocidos.
            Estos días se ha estado rodando un nuevo cortometraje, El emisario, que dirige el profesor de la faculta de Bellas Artes Ignacio Oliva, uno de cuyos momentos más destacados ha sido la ambientación del Palacio Provincial como residencia oficial alemana, lo que ha obligado a desplegar la abundante iconografía habitual en el régimen nazi, banderas incluidas.
            El argumento relata un encuentro en Berlín entre el cuñado de Franco, Ramón Serrano Súñer, ministro de Asuntos Exteriores en el primer gobierno del régimen y el dirigente alemán Heinrich Himmler. Unas treinta personas, alumnos de la facultad de Bellas Artes de Cuenca, junto con cámaras y actores profesionales, entre ellos el conocido Pedro Casablanc, habitual en series de TV, están participando en el rodaje de este filme.
            Ignacio Oliva (Murcia, 1963) fue decano de la facultad de Bellas Artes de Cuenca entre 1991 y 1996 y tiene ya una larga trayectoria como investigador del proceso creativo a través de las imágenes, habiendo publicado docenas de artículos en revistas especializadas y varios libros sobre la materia. En el año 2011 y tras haber realizado algunos cortometrajes, rodó su primera película, La rosa de nadie, que fue estrenada comercialmente en Cuenca el 11 de mayo de ese año y que, a decir verdad, obtuvo muy escaso eco entre los aficionados y la crítica.
            Confiemos (confío) en que este nuevo intento de Ignacio Oliva por hacerse un hueco en el ámbito del cine tenga mejor suerte y El emisario consiga éxito y premio.


lunes, 30 de abril de 2018

LA REJA VOLADORA DE LA CALLE DE SAN PEDRO



La Real Academia Conquense de Artes y Letras (la RACAL, para entendernos) ha puesto el grito en el cielo y el dedo en la llaga denunciando la chapucera obra llevada a cabo en la fachada del edificio de la calle de San Pedro que ocupa el hotel Leonor de Aquitania, donde había dos rejas históricas, del siglo XVIII, colocadas de manera regular y ordenada a ambos lados de la puerta principal. Había, porque una de ella ha desaparecido de la noche a la mañana y, lo que quizá es todavía peor, sin tener en la mano la correspondiente licencia municipal y sin que la Comisión del Patrimonio se haya enterado de nada hasta que ha saltado la noticia.
Y digo que es lo peor porque si la obra (la chapuza) ya está mal, lo lamentable es que los organismos presuntamente responsables de cuidar el orden, el ornato, la belleza y, a fin de cuentas, la conservación de una ciudad que, como se dice de manera repetida y machacona, es Patrimonio de la Humanidad no estén al tanto de lo que sucede. El Ayuntamiento tiene un departamento de disciplina urbanística para vigilar que las obras se hagan de acuerdo con la normativa; tiene una Gerencia Municipal de Urbanismo a la que hay que pedir licencia de obras; y tiene una Policía Municipal (cierto que invisible) entre cuyas competencias se encuentra precisamente el control de las obras que se realizan en la ciudad. Y está, como es sabido, la Comisión del Patrimonio, que debe emitir informes en cada trabajo que se efectúe en el casco antiguo.
Pues de todo eso, nada de nada. Ahora, después del alboroto, el Ayuntamiento dice que ha abierto un expediente para investigar lo sucedido. Abrir expedientes es algo que las instituciones públicas hacen de continuo, pero nunca sabemos cómo se cierra. En este caso, el asunto es muy sencillo: no hay más que ir echando vistazos a la fachada del hotel, a ver si reaparece la reja o no.
Se admiten apuestas


domingo, 29 de abril de 2018

HUBO UNA CALLE TENIENTE GONZÁLEZ



En estos días, la popular y dicharachera alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, entre cuyas virtudes más destacadas no se encuentran la prudencia ni el presunto seny catalán, del que tanto alardean cuando les conviene, ha hecho una vez más al ridículo saliendo a la palestra de la manera irreflexiva que es marca de la casa para poner a parir al almirante Cervera, al que le han quitado su nombre de una calle, para poner otro más acorde con los tiempos confusos que vivimos. Eso está pasando todos los días, en todas partes, sólo que en este caso la alcaldesa de Barcelona se ha tomado la libertad de enjaretar unas cuantas lindezas a cuenta de la filiación fascista y conspirativa del almirante Cervera, durante su participación en el levantamiento militar de 1936.
       La señora Colau no sabía y, lo que es peor, ninguno de sus numerosos asesores le informó de que el vapuleado militar había muerto a comienzos del siglo (en 1909 exactamente) o sea, mucho antes de que Franco y sus colaboradoras pensaran siquiera en dar el golpe de Estado.
Con motivo de esta tontería política, una más de las muchas que están socavando la seguridad democrática del desconcertado pueblo español, sobre Colau ha caído toda clase de improperios sin que ella haya tenido la elegancia, el buen criterio y la sensatez de corregir sus estúpidos comentarios, propios de una ignorante inculta.
      Digo todo esto de la alcaldesa barcelonesa no por cebarme en ella, sino para aludir a sus colegas regidores de un sitio del interior mesetario, políticamente muy distantes de ella, pero coincidentes en su ignorancia. Porque también aquí, en Cuenca, tenemos nuestro bochorno particular solo que, a diferencia del de Barcelona, nadie, ni siquiera los militares, organizaron ningún escándalo. Ocurrió la cosa en el año 2010, cuando los concejales del Ayuntamiento de Cuenca, ignorantes de la historia de su ciudad y de sus gentes, decidieron ser más progresistas que nadie suprimiendo el nombre de Teniente González de la calle así llamada, entre Carretería y Colón. Y encima, que es lo peor, lo hicieron aludiendo a la ley de memoria histórica y a la conveniencia de suprimir del callejero nombres alusivos a los vencedores de la guerra civil.
     Pero sucede que el teniente Gregorio González Beamud había muerto en el año 1922 y no participando en ninguna intentona golpista, sino luchando en las colinas rifeñas próximas a Melilla, en la guerra contra los musulmanes que se libraba en aquellos años. Murió, cuentan las crónicas periodísticas, de manera heroica, al frente de una compañía del regimiento Mallorca, actuando de manera tal que consiguió salvar a gran parte de su columna, aunque él perdió allí la vida. Su ciudad natal le rindió un cálido homenaje al bautizar con su nombre la calle que hasta entonces se conocía como Callejón de la Misericordia. En aquel consistorio municipal figuraban liberales y socialistas, entre ellos Rodolfo Llopis, que se sumó abiertamente a la decisión.
     Casi un siglo después, la bobalicona ciudad de Cuenca le retiró la placa sin que en el seno del Ayuntamiento hubiera ni un solo concejal que, conocedor de la historia, ilustrara a sus colegas de la tontería que estaban cometiendo.

lunes, 23 de abril de 2018

LA SOMBRA DE VALDEGANGA



            De la lectura atenta que proporciona cada semana el interesante boletín de novedades literarias que nos ofrece Alfonso González Calero extraigo una breve noticia que anoto aquí, como curiosidad necesitada de mayor profundidad. Acaba de aparecer un libro titulado El Servicio de Sanidad de las Brigadas Internacionales, original de Francisco Fuster Ruiz y que edita el Instituto de Estudios Albacetenses. Se trata de una obra antigua, antiquísima, podríamos decir, en la que su autor estuvo trabajando más de cuarenta años. Ahora ve la luz y en ella el autor del prólogo, Antonio Selva Iniesta, director del Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales, señala que “el libro se publica con anotaciones quelo actualizan y con algunas correcciones como por ejemplo el Hospital de las Brigadas Internacionales en
Valdeganga, que tradicionalmente se localizaba en la provincia de Albacete y
que desde el CEDOBI hemos comprobado que no era esta la ubicación correcta, sino en Valdeganga de Cuenca”. De esta forma, con este breve comentario, el histórico y ya, por desgracia, ruinoso balneario de Valdeganga, revive de su triste destino actual para devolvernos, a través de su decrépita apariencia, a un tiempo, todavía no tan lejano, en que le cupo desempeñar un papel activo en aquel momento singular de la historia de España.


SONIDOS DEL GABINETE DE MÚSICA ELECTROACÚSTICA


            En todas partes, y con notable abundancia en la ciudad de Cuenca, hay guadianas, temas, cuestiones, singularmente culturales, que nacen, crecen un tiempo, desaparecen y, mucho más tarde, reaparecen con aparentes nuevos entusiasmos, que sus impulsores consideran suficiente para poder conseguir una continuidad prolongada, propósito que, por lo general, se quiebra otra vez al poco tiempo. No es exactamente ese el caso del Gabinete de Música Electroacústica, pero se le parece bastante. La diferencia es que sus promotores, singularmente Julio Sanz Vázquez, no ha parado ni un solo momento de mantener activa la idea, o proyecto, o lo que a estas alturas sea el GME.
Nos lo vuelve a recordar este 23 de abril, en que se cumple el 35 aniversario del día en que nació una propuesta tan singular como insólita en el panorama de la música española, donde solo existía, hasta esos momentos, algo parecido, el estudio Phonos de Barcelona, de manera que el anuncio de lo que surgía en Cuenca produjo, de inmediato, una enorme expectación en un sector ciertamente minoritario y muy especializado, pero de considerable interés. El Gabinete nació ligado al Conservatorio Profesional de Música de la Diputación Provincial de Cuenca que dirigía en esos momentos Pablo López de Osaba, personaje sin duda inquieto por todo lo que fuera novedoso y con suficientes relaciones en el mundo de la música moderna (Cristóbal Halffter, Luis de Pablos, Gabriel Brncic) para que el invento encontrara rápido apoyo no solo teórico, sino práctico, para incorporar las nuevas tecnologías que estaban revolucionando la música.
Durante estos años, desde el GME se organizaron los primeros cursos especializados de mú­sica electroacústica en un Conservato­rio Profesional de Música de España, con duraciones de dos y cuatro años de especialización en Composición Elec­troacústica, así como conciertos men­suales en el Conservatorio, en el Teatro Auditorio de Cuenca, en co­legios, en edificios públicos y privados, y en distintos espacios disponibles de la ciudad de Cuenca. De este modo, la música electroacústica se convirtió en algo cotidiano para los estu­diantes del Conservatorio, y también comenzó a ser considerado como algo habitual por su cotidiana presencia en la actividad cultural conquense.
Todo eso se quebró un mal día de 1998 con una serie de decisiones encadenadas por parte de la Diputación provincial que llevaron finalmente a la cancelación total del GME y al empaquetado de todo su material.  Desde entonces, el último responsable de la actividad, Julio Sanz Vázquez, viene ejerciendo como auténtico vigilante de los restos del naufragio. a través de la Asociación AVADI (Audio Video Arte Digital Interactivo) fundada en 1986 por el propio Julio Sanz con Matías Jiménez, que viene promoviendo diversas iniciativas para mantener vivo el proyecto de una iniciativa que fue pionera en España y que sigue esperando el momento de su recuperación.
            En ese terreno hay que citar la publicación reciente del libro Las colecciones del GME. Pasado, presente, futuro, que vino a ser una recopilación de todo lo sucedido desde entonces y una reivindicación de las posibilidades futuras que podría ofrecer un proyecto cultural de dimensión local, pero proyección internacional. En su redacción han participado Sylvia Molina, Javier Osona, Julio Sanz Vázquez, Daniel del Saz y Antonio J. Alcázar, estando la edición a cargo de José Ramón Alcalá y Vicente Jarque. Lo ha editado la Universidad de Castilla-La Mancha.

jueves, 19 de abril de 2018

HUBO UNA SALA LLAMADA EL ALMUDÍ



Cada vez que paso por las Escalerillas del Gallo no puedo evitar una mirada melancólica (o sea, un tanto entristecida) al pequeño receptáculo que hay junto a ella, cerrado, decrépito, en el que todavía aletea, como una mirada al pasado, el letrero que dice Sala El Almudí. Probablemente soy de los pocos que miran hacia ese lugar y quizá de los todavía menos que cae en la cuenta de lo que dice ese letrero. Claro que también hay que considerar que pertenezco al mínimo número de personas que tuvo algo que ver con esa sala y su  mantenimiento activo.
Todo lo que se refiere a tratar del pasado corre el riesgo de parecer como perteneciente a otro mundo, si tenemos en cuenta la rapidez, la aglomeración de sucesos que vienen condicionados por la actualidad de cada momento. Asumo ese riesgo y miro hacia atrás. Antes de que existieran muchas de las cosas que hoy conocemos, el Ayuntamiento preparó un mínimo recinto descuidado, en la planta baja y lateral de El Almudí, para que sirviera de sala de exposiciones y allí, en ella, aterrizamos un buen día unos cuantos aventureros de esa cosa insignificante que llamamos cultura. La abrimos con cuatro perras, sin presupuesto, sin dotación alguna, ni de material ni de personal y la pudimos mantener abierta un buen tiempo, hasta que llegaron posibilidades mejores y otras perspectivas ambientales.
En la fachada de este pequeño recinto sigue luciendo el letrero. Probablemente -ya lo he dicho- nadie lo lee, nadie cae en la cuenta de que en él se dice. Y quizá llegará un tiempo en que se olvide por completo lo que significa. Antes de que llegue ese momento, lo anoto aquí, para que se sepa. Si es que a alguien le importa.


martes, 17 de abril de 2018

QUÉ COSA ES LA DEMOCRACIA



Tantas páginas, libros ya, se han consumido desde que comenzó el suceso de Cataluña, que parece cosa de broma querer añadir algo más, siquiera unas líneas, desde este remoto lugar llamado Cuenca, tan ajeno a reivindicaciones, protestas o lo que sea que están pretendiendo los catalanes (la mitad de los catalanes, empeñados en pisotear a la otra mitad). Pero como el cuerpo me pide decir algo, lo diré, aunque sea cosa leve. Y es que desde que estamos siendo machacados, literalmente hablando, con este asunto, hay un aspecto, una palabra, que me tiene alterado, soliviantado o cualquier otro sinónimo que se quiera utilidad. Me sorprende el abuso desmedido que los independentistas hacen del concepto “democracia”. Lo tienen constantemente en la punta de la boca, como si ellos fueran los únicos demócratas, cuando en realidad lo que están haciendo es lo contrario, es decir, atropellar de manera constante los más sencillos y básicos principios de la democracia. En esto, como en tantas otras cosas, se aprecia la mano nefasta de Mariano Rajoy y sus compañeros de desventura gubernamental. Porque como se ha dicho de manera reiterada, el gran problema que venimos arrastrando en estos meses es la falta de capacidad que ha tenido el gobierno, desde el primer día, para desmontar el artificio de los independentistas y ejercer una sana labor pedagógica para hacer llegar a todo el mundo, empezando por los propios catalanes, la falacia de utilizar la palabra, el concepto democracia, para intentar implantar un sistema autoritario, una auténtica dictadura de unos sobre otros. La democracia es otra cosa, y bien lo sabemos los que durante muchos años no la tuvimos. Pero el gran fracaso de este insípido gobierno que padecemos es su falta de respuesta, su impotencia para llamar a las cosas por su nombre de verdad. Y así podemos asistir al bochornoso espectáculo de ver cada día como miles de personas pisotean la democracia, la de verdad, diciendo que son demócratas y que quieren la democracia. Y ahora, encima, van los sindicatos, oportunistas ellos, y se suman también al carro. Se ve que ya huelen la hora del reparto del botín.